AJIMEZ ARTE

Crítica

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Antonio Alonso de la Torre García

Reflexiones varias

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Actualmente se expone en la Laboral un proyecto muy interesante, El pasado en el presente, del que se han comentado muchas cosas favorables: su actualidad, su cercanía al espectador, su compromiso social, la presencia de artistas asturianos, etc. Novedades y giros que parecen esperanzadores sobre el futuro de este centro. Pero hay otros asuntos que creo se deben añadir.

La exposición se basa en la presencia en el entorno actual de huellas de regímenes anteriores. En este sentido es interesante la aportación de algunos artistas asturianos a pesar de que su obra ya se hubiera visto con anterioridad en la misma ciudad. Pero en una exposición en Asturias que trate la memoria no se puede prescindir del artista más comprometido en este campo durante muchos años. Me refiero a Ánxel Nava. Puede aducirse, y sería discutible, que no tiene un trabajo muy relacionado con este aspecto en concreto, pero resulta que la exposición tiene una especie de apéndice que no encaja bien con el resto del conjunto, me refiero a la reivindicación que algunos artistas realizan acerca del tema de las lenguas desaparecidas o en peligro de extinción. Y aquí no hay duda de que Ánxel es de los que más ha peleado este asunto. La muestra no puede estar completa con esta importante ausencia. Desconozco si el comisario no lo consideró apropiado o si se trata de una marginación impuesta. Es esta una exposición que exige un gran conocimiento de la historia y las circunstancias del lugar en que se exhibe. Al contar con un comisario ajeno al lugar se gana en independencia y se evitan compromisos personales, pero es más fácil equivocarse o caer en olvidos, precisamente esos olvidos que la propia muestra pretende evitar. Es como si fuera la consagración de esa DAMNATIO MEMORIAE que sirve de eje a muchos trabajos de Ánxel Nava. Puede que su ausencia sea una aportación más a esta  exposición porque así se reflejan las muchas lagunas y deformidades que cualquier ejercicio de memoria conlleva.

El trabajo de este creador asturiano no se ciñe únicamente a lo lingüístico. Hace ahora cinco años, en el 2004, fue él el que organizó una de las mejores exposiciones colectivas que recuerdo. Estaba centrada en la conmemoración de los setenta años de la revolución de octubre en Asturias. Con mucho menos presupuesto, mucha menos publicidad y mucho menos reconocimiento público e institucional, se llevó a término este gran esfuerzo en la Casa Duró de Mieres. Allí estuvieron un buen número de creadores, de los que algunos no aparecen en la Laboral y tal vez deberían tener su hueco, bien en el apartado lingüístico o bien en otro apéndice cualquiera de la memoria, como Nel Amaro o Cuco Suárez. Por cierto, este año se celebrarían los setenta y cinco años del treinta y cuatro, por si alguien se atreve a reflexionar sobre este pasado. Es evidente que hoy existen unos pasados más políticamente correctos que otros.

La circunstancia de aparecer un apartado lingüístico en esta exposición de la Laboral lleva a pensar si la reivindicación sobre el asturiano que aquí se realiza es sólo una pose. Es evidente que los trabajos son serios y emocionantes y que los artistas creen en ello. Pero la institución que los acoge coloca las cartelas de las obras en inglés y castellano. No costaría mucho hacerlo también en asturiano para ser más coherentes. En esta y en otras exposiciones. Tal vez haya responsables que crean que esto del asturiano se trata de una moda pasajera, pero que queda muy “cool” y algo “friki” en ese ambientillo que quiere conseguirse para este centro de arte. La consejera de cultura se paseó por allí el día de la inauguración, vería las obras y probaría el “catering” con espuma de fabada deconstruida, pero en su trabajo diario ella sí tiene oportunidades de demostrar que la lengua asturiana no puede dejarse morir por falta de voluntad política. Está cercana la Selmana de les Lletres Asturianes. Veremos si no queda todo en esa inútil propaganda que nos invita a usar la lengua asturiana.

Por otro lado creo que se debe comentar otro hecho sorprendente en el ambiente artístico asturiano. Aunque ya pocas cosas sorprendan. Se presentó en Oviedo, en el CAMCO, la exposición de los dos ganadores del Certamen Nacional de Arte de Luarca. Impresionante el retrato íntimo y caleidoscópico que José Francisco Caso del Corro, “kso”, realiza de su vida y de sus circunstancias. Fragmentos de una persona que lo son también de una realidad social. Por otro lado José Luis Pastor, catalán que obtuvo el Premio Cajastur, presenta un elaborado trabajo de claroscuros, pliegues y veladuras, que remiten a un melancólico barroco. A esta inauguración acudió Kso, con algún familiar y amigo, y el propio José Luis Pastor, que se costéo en solitario el viaje desde Cataluña. No hubo prensa ni ninguna presencia institucional. Estaban solos. A unos metros está la sede de Cajastur, pero nadie se acercó a recibir en persona a su premiado en el acto de inauguración. Ni siquiera tuvieron tiempo de saludar al joven catalán en los días que permaneció en Asturias. Más que cuestiones formales son cosas de la más elemental y básica educación.


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