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Crítica

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Jaime Luis Martín

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Publicado en la Nueva España


Helena Toraño
Lógica ilógica
Pinturas
Del 2 al 30 de Abril
Casa Municipal de Cultura de Avilés
La pintura de Helena Toraño (Llanes, 1984) sitúa en escena, de una forma muy controlada, ciertos aspectos oníricos que junto con imágenes de procedencia pop y retales expresionistas aparecen mezclados sin un orden jerárquico, en un intento por recomponer una dramaturgia contemporánea. Esta joven artista licenciada en 2007 en Bellas Artes -especialidad de pintura- comenzó a exponer en 2003 al obtener el tercer premio de «Mujeres Artistas del Oriente de Asturias». Al año siguiente recibió el primer premio del mencionado certamen y fue seleccionada en la exposición colectiva «Comida rápida, digestión lenta» que se llevó a cabo en la Sala de Cultura de Baracaldo. Realizó su primera exposición individual en 2009 en la Casa de Cultura de Infiesto. 

En su obra se combinan fragmentos fotográficos y pictóricos, un «collage» narrativo que le permite exhibir sus preocupaciones temáticas y estéticas. En este puzzle se fusionan diferentes elementos, desde la ola de Hokusai a un retrato de Woody Allen, desde las pirámides de Egipto a un chiringuito de playa, sin que las figuras guarden ningún orden de escala ni mantengan relaciones de proximidad, más bien descontextualizadas componen asociaciones sorprendentes, cargadas de ironía o sencillamente surrealistas. Estas construcciones asociativas que caracterizan los trabajos de Helena Toraño buscan despertarnos de un cierto adormecimiento, provocando y produciendo, con diversos materiales reciclados un nuevo sentido narrativo. 

De estas intenciones participan, también, los diferentes personajes protagonistas de sus cuadros, situados fuera de contexto y atrapados en una irrealidad, que, sin embargo, parecen reconocer y con la que interactúan con una cierta lógica idealista. En estas imágenes está presente una tensión compositiva, consecuencia de romper la visión única del cuadro y descomponerla en diversos planos, apostando por el montaje como fuerza creativa y transformadora. El cómic, los medios impresos, la fotografía y el cine tienen cabida en esta estructura que refleja la vida que llevamos, bombardeada por los «media», inmersos en un desorden visual que condiciona nuestra manera de percibir el entorno. En este sentido su pintura trata de aproximarse a la cotidianeidad, intentando relacionar elementos aparentemente inconexos, otorgándoles una carga simbólica y un impulso crítico. 

El elemento pictórico se caracteriza por unos colores brillantes y vibrantes, deudores de la década de los sesenta y un tratamiento descuidado como consecuencia del trabajo directo sobre la tela que otorga a sus cuadros una singular frescura, alejándolos de cualquier agarrotamiento compositivo. Pero el poder de estas pinturas no reside tanto en sus aspectos formales como en aquellas herramientas que le permiten conectar con las narraciones actuales, atrayendo nuestra atención mediante un delirante cruce de materiales, imágenes y fetichismos. Con esta personal visión la artista alcanza momentos de fuerza, dejando de lado cualquier simpleza y apostando, sin dejar al margen la experiencia estética, por una pintura que cuenta historias.


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