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Ángel Antonio Rodríguez

Las metáforas del río de la vida

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Vicente Pastor presenta en Luarca un nuevo proyecto interdisciplinar, con obras propias y fotografías de Ernesto García inspiradas en el descenso del artista por el río Barayo



Publicado en El Comercio


Durante su larga trayectoria, Vicente Pastor (Luarca, 1956) ha venido planteando interesantes enigmas sobre la vida y el arte, que ya plasmó en numerosas aventuras colectivas e individuales. Ahora, la sala Álvaro Delgado de su villa natal resume las vivencias de su último reto, con una instalación interdisciplinar que incluye materia orgánica, pinturas e imágenes audiovisuales.
Los vídeos y las fotografías expuestas han sido realizadas por su colega Ernesto García durante el descenso mutuo por el río Barayo, entre los límites de Luarca y Navia, completando la propuesta y documentando ese afán de Vicente Pastor por definir esas pequeñas cosas de inspiración serratiana que hacen grande al artista, íntimo al mundo y rico a nuestro entorno cotidiano.
Han querido Vicente Pastor y Ernesto García (ambos componen el dúo artístico 'Materia viva') armonizar la actitud 'performativa' y la capacidad plástica del pintor, interviniendo la naturaleza con la máxima reflexión y el mínimo de elementos. Así cada paso por el río ha inspirado una metáfora sobre la vida, y la intervención final en la playa de Cuevas, que ha sido trasladada a la sala, se brinda como una amalgama global de esas querencias.
El conjunto presenta un gran volumen de connotaciones escultóricas, simulando redes de pesca, y 17 cuadros en distintos formatos, realizados desde la anterior exposición de Pastor en Gijón (galería Altamira, 2008), repletos de guiños poéticos y aliñado con nuevas vibraciones rítmicas donde el color y la materia protagonizan cada composición.
Profundidades
Este hermoso proyecto, titulado 'Profundidades', se inspira en los textos de Samuel Beckett que llenan el catálogo (junto al análisis del historiador Alfonso Palacio) y en ciertas citas de Thomas Mann. Un conjunto de historias que homenajean silenciosamente al mar, bajo ese carácter simbólico que atesora Vicente Pastor donde, una vez más, hace gala de su vitalidad interpretativa.
En sus loables intenciones late un juego constante que, entre la cultura asturiana y la austeridad zen, nos habla del origen iniciático de la iconografía, de los rituales y de las querencias metafísicas.
Para integrar más, si cabe, sus ideas con la realidad, Vicente Pastor divulgó por internet algunos carteles que ilustran el proyecto durante los días previos a la inauguración, como había hecho en sus anteriores exposiciones.
La red como puente; la experimentalidad, en fin, como piedra filosofal del artista, huyendo de la mímesis, asumiendo la instalación como un 'site specific' donde el espectador pasea entre las piezas, bajo un sentimiento escenográfico que congela el instante en cada paso y rinde tributo al sentido cíclico del tiempo y a su tierra natal, subrayando que la verdad no tiene por qué ser perenne y que lo efímero puede ser tan rotundo como la eternidad. Contundencia, delicadeza y madurez de Vicente Pastor y sus enigmas.

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