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Juan Carlos Gea

Vicente Pastor, río abajo

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El artista exhibe en su Luarca Profundidades, un proyecto nacido 
del descenso biográfico y conceptual por las riberas del Barayo



Publicado en La Nueva España

La vida como misterio cósmico. La vida como fenómeno biológico, encarnado en la naturaleza. La vida como decurso biográfico. Esta triple acepción de lo viviente se trenza de manera indistinguible en Profundidades, el ambicioso proyecto con el que, a partir de mañana, el artista Vicente Pastor (Luarca, 1956) aspira a infundir, en otro sentido, vida artística a su villa natal, «un lugar que», según Pastor, «siempre significó mucho en la cultura asturiana». Tomando como centón una hermosa cita de La montaña mágica en la que Thomas Mann pone cerco precisamente a la pregunta «¿qué es la vida?», el artista luarqués ha hecho acopio en la sala municipal «Álvaro Delgado» de los materiales vitales y artísticos generados en el curso de una peculiar acción: el descenso, a lo largo de tres días del pasado mes de enero, por el accidentado cauce del río Barayo, límite natural entre los concejos de Luarca y Navia, hasta su desembocadura en la playa del mismo nombre. Acompañado del fotógrafo Ernesto García -su cómplice en el equipo creativo «Materia Viva»-, Pastor fue dispersando una serie de minúsculas intervenciones a lo largo de sus riberas y culminó el recorrido con una instalación que inicialmente ocupó las arenas de Barayo y ahora sirve como centro de la muestra. 

Profundidades gravita en torno a una gran maraña de fibras y redes de cuatro metros de diámetro en la que han quedado atrapados varios peces hinchables, y cuyo espectacular volumen descansa sobre un lecho de ramas recogidas de la playa de Cuevas, adonde las han ido arrastrando masivamente las riadas de este lluvioso invierno. En torno a esa instalación central, Vicente Pastor ha dispuesto 17 de los casi 40 cuadros inspirados en las vivencias de su descenso del Barayo. En una sala anexa, pero también integrada en la exposición, unas 90 fotos de Ernesto García documentan la experiencia y la contextualizan en un entorno en el que el espectador queda inmediatamente sumergido al entrar en la sala mediante la proyección de una pieza de vídeo y el sonido de una cascada. El proyecto, que ha producido el Ayuntamiento de Valdés, se completa con un catálogo de ochenta páginas al que también se incorporan textos de Samuel Beckett que Pastor ha utilizado como un elemento más de esta acción. 

«El origen de toda esta exposición, que es ante todo una acción que luego ha ido reflejándose en una multitud de cosas, está en la idea del mar como símbolo de la vida, aquello que nace y muere y nunca acaba, formando un todo en permanente movimiento», aclara el artista. A partir de esa noción metafísica, casi religiosa, «que se repite de muchas formas en muchas culturas, y que está en la nuestra, por ejemplo, en los famosos versos de Manrique», fue metiéndose «en camisas de once varas» y, por así decir, desandando la metáfora hasta sus mismos orígenes: remontando el río de la vida para luego descenderlo de vuelta hacia el mar. Un recorrido que, en este caso, se ciñe literalmente a las riberas de la biografía del propio Vicente Pastor. 

«Todo este paisaje está muy vinculado a mis recuerdos de niñez y de juventud, así que descenderlo ha significado también rescatar y repetir muchos recuerdos y sentir a menudo nostalgia por las cosas que han desaparecido, que han deshecho el hombre y la contaminación». Esta vinculación entre lo biográfico y la sensibilidad medioambiental es una de las constantes del trabajo de Pastor, que, en este caso, se ha manifestado mediante sus «intervenciones mínimas, muy íntimas», en las que a menudo ha buscado «embellecer los rincones más dañados del río, utilizándolos como un recurso más». El arte, pues, como curación: la mano del hombre redimiendo de algún modo lo que la mano del hombre ha dañado. 

El viaje por el Barayo culminó con la confección de la gran esfera de ramas, símbolo de un aluvión de cosas arrastradas que, incluso ya en el mar, sigue interfiriendo con la vida que representan los peces atrapados en ella, y tuvo a lo largo de las semanas posteriores continuidad en una serie de pinturas. En ellas, Pastor ha unido a sus recursos habituales -el uso de la materia orgánica, la tierra o los propios accidentes meteorológicos y la intemperie- otros nuevos, como los lavados de óleo con grandes cantidades de aguarrás o la práctica de calados e incisiones, que «abren ventanas en la obra a lo que hay detrás de ellas, al paisaje mismo en el que fueron creadas». Todo ello reitera la permanente disposición del luarqués a «seguir experimentando, seguir investigando», como motor de su trabajo. 

Del afán de Profundidades por sacudir algo en el entorno luarqués dan fe los carteles de la exposición, que se han concebido como un elemento más del proyecto y que presentan distintos aspectos de su proceso. 

Un proceso abierto que -como el río Barayo, la obra de Vicente Pastor en general y la vida en la cita de Thomas Mann que encuadra Profundidades- aspira a encauzar la «secreta y ardiente agitación en la helada castidad de lo universal».


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