AJIMEZ ARTE

Crítica

Jaime Luis Martín

El gueto femenino

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Publicado en La Nueva España
 
XV Concurso de Mujeres Pintoras del Oriente de Asturias
Del 4 al 31 de Marzo
Sala Cajastur
 
No logro entender los beneficios de los concursos, ya sean de pintura, poesía o cocina, a los que sólo se pueden presentar mujeres. Se puede argumentar que se trata de una discriminación positiva, pero más parece que se enmarcan en las trampas ideológicas que el crítico de arte Robert Hugues denominó, tan acertadamente, «la cultura de la queja», refiriéndose a la victimización de las minorías con el fin de sacar algún provecho en el ámbito público. En este caso, la exposición se encuentra patrocinada por el Centro Asesor de la Mujer de la Mancomunidad Oriente de Asturias, el Ayuntamiento de Llanes, el Instituto Asturiano de la Mujer y Cajastur. Y aunque nadie dude de las buenas intenciones de estos organismos, estas prácticas de arropamiento sólo consiguen ocultar los verdaderos problemas mediante una ficción paternalista y terapéutica. 

Está claro que con estos pintorescos concursos lo único que se consigue es que temas realmente serios y preocupantes, como la desigualdad de la mujer, se reduzcan a lo anecdótico, primando la gazmoñería de lo políticamente correcto sobre las causas que perpetúan estas diferencias inexplicables. Pero basta con mirar el diseño del díptico que acompaña la exposición para darse cuenta de que nos encontramos ante una estética «kisth» con influencias ilustrativas de la novela «Mujercitas» de Louise May Alcott, un libro-guía de 1868 para educar moralmente a las chicas. Pero hoy la moral va por otros caminos y no parece el momento de recordar que lo verdaderamente preocupante, como la violencia de género, la discriminación salarial o el afrontar, de una vez por todas, una auténtica coeducación en las aulas, siguen estando ahí, sin resolver, para vergüenza de todos, aunque, ciertamente, las mujeres son las que más sufren las consecuencias. 

Pero además el magnífico cuadro «Cristina y Aliune van a Senegal», de Cristina Cuesta, ganadora del premio «Cajastur», ¿no puede competir con otras producciones pictóricas masculinas?, ¿necesita para ganar refugiarse en un gueto femenino? Para nada, pues en este trabajo Cristina entrega lo mejor de su pintura: la esencialidad de un lenguaje que se mueve entre la presencia y la ocultación, recuperando la severidad y la contención, la vitalidad y las tensiones que caracterizan su entorno pictórico. Y el «Paisaje romántico», de Chechu Álava, realizado «a fuego lento», meditativo, trabajado capa a capa, con la convicción de estar realizando una obra intemporal y misteriosa, ¿puede prescindir de toda la pintura masculina del siglo XIX en la que se mira y a la que evoca, actualizando y revitalizando la historia formal y emocionalmente? 

El jurado, por otra parte, concedió el 2.º premio «Pintora de la comarca oriental» a María Jesús de la Riva Villa, y cuatro menciones especiales a Esther Cuesta Marta Fermín, María Suárez Valdés y Ana Vila Santos, que ensayan distintas propuestas ligadas a una modernidad con el color y la mancha como protagonistas, pero sin despreciar una figuración, como en el caso de Esther, de raigambres literarias. 

En cualquier caso, para afrontar el papel de la mujer en el arte acciones como las llevadas a cabo por la Guerrilla Girls parecen más apropiadas que estos concursos. Este grupo feminista instaló, en 1989, un cartel -una reproducción de la Gran Odalisca de Ingres llevando una máscara de gorila- frente al Metropolitan Museum de Nueva York con la pregunta: «¿Tienen las mujeres que estar desnudas para entrar en el Metropolitan? Menos del 5% de los artistas en las secciones de arte moderno son mujeres, pero un 85% de los desnudos son femeninos».


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Comentarios

jaunde escribio el 26-03-2009:
Pero a quien se le ocurre tal barbaridad. Creo que todas las mujeres deberían pedir la retirada de tal atropello a nuestra capacidd de competir en igualdad de condiciones. Lo grave es que como siempre somos las mismas mujeres las que impulsamos nuestra autodiscriminación. Y a Jaime Luis le vamos a cortar los huevos pero para hacerlo una mujer, pues parece mentira que sea el genero masculino quien nos defienda

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