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Crítica

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Ángel Antonio Rodríguez

Del espacio mental

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Publicado en ABC

Fernando Gutiérrez.Crisálidas.LABoral. Gijón .C/ Los Prados, 121.Hasta el 6 de Abril

La Sala Plataforma de LABoral presenta el proyecto Crisálidas, de Fernando Gutiérrez (Oviedo, 1973), que ganó la segunda edición del Premio LABJoven-Experimenta, dotado con 30.000 euros y destinado a artistas asturianos o residentes en Asturias y menores de 35 años. La muestra armoniza técnicas y conceptos que articulan lo global y lo local, lejos del discurso dogmático que ha venido ofreciendo, hasta ahora, la programación del centro gijonés. Con más guión que decorados, este joven creador emplea imágenes procedentes de los medios, que plasma sobre acetato en una amalgama de dibujos superpuestos, generando curiosas hibridaciones y combinaciones aleatorias. Esta noción de collage es su piedra filosofal para generar una instalación envolvente y una sutil atmósfera expositiva.
Paisaje interior. Fernando Gutiérrez realizó su primera exposición en la Casa Municipal de Cultura de Avilés en 1999, tras brillar en la Muestra de Artes Plásticas del Principado y destacar en algunos certámenes regionales. Después se fue de Asturias y continuó su formación, alternando la pintura con otros ámbitos centrados en los estudios ambientales que alteraban los espacios expositivos, que, con frecuencia, transmutaba en paisajes interiorizados.
Sus primeras obras eran un canto a la sublimidad de la pintura, con interesantes registros líricos de suaves vibraciones matéricas que apostaban por la sobriedad. Su retorno a Asturias coincidió con la apertura de LABoral y con exposiciones multidisciplinares como Ciudad superpuesta (Premio Astragal) o Alicia hacia dentro, que se nutría de un singular discurso teórico abriendo puertas al espacio mental, y aprovechando las animaciones digitales y los murales dibujados en intervenciones sobre espacios urbanos. Gutiérrez se inspiraba entonces en la revisión de conocidas obras de L. Carroll, potenciando interesantes vínculos entre ficción y realidad, recreando órdenes y azares de la mano de composiciones efímeras que, sin estridencias, fusionaban el dibujo tradicional y el soporte digital, entendido como un medio y no como un fin.
Metáforas biológicas. La propagación de las figuras representadas y la difusión de esas fantasmagorías o ilusiones ópticas hacia el espacio público, que tanto interesaba a la literatura de Carroll, sirven ahora a Fernando Gutiérrez para plantear una metáfora biológica que nace de los estados de transición de las crisálidas, como símil para concebir lugares de encuentro del comportamiento cerebral y la ilusión embrionaria. El resultado es una ejemplar producción de imágenes orgánicas que, de manera instintiva, se organizan, interrelacionan y combinan, en plena vena pictórica, generando su esencia expresionista y sus diversas estructuras oníricas. La intervención parte de un primer núcleo de imágenes sencillas, realizadas con acrílico negro sobre fondo blanco, que se hacen plenamente visibles tras el impacto de la luz, y de otro núcleo que atesora efectos fotoluminiscentes intercalándose con el primero.
El conjunto vibra bajo un dinámico juego de luces y sombras cuyas secuencias de animación facilitan la experiencia visual definitiva. La posibilidad de contar con numerosos medios (la espectacular arquitectura de la sala, la pintura, la rotoscopia, las alternancias lumínicas, el robot-proyector digital multifunción?) han permitido al artista controlar perfectamente sus ritmos espacio-temporales y desarrollar una proyección múltiple que, contra pronóstico, resulta poco abigarrada y contundente.
La obra de Gutiérrez formula una inteligente solución visual y sensorial, poniendo metas claras pero, además, abriendo vías para la expansión de nuevas búsquedas. El artista no se confina a un territorio único, sino que concibe innovadoras configuraciones que son capaces de alterar la conciencia emotiva del público. Los elementos de la instalación se sostienen por sí mismos, más allá de una realidad meramente tecnológica, y su capacidad casi algorítmica de manifestarse como hecho estético confirma una energía válida. Es ahí, en esa encrucijada de respeto, análisis, idea, proceso y resultado, donde Fernando Gutiérrez establece su tesis de trabajo, ajena a las arbitrariedades o la insensatez paradójica y consciente de que lo bien hecho, bien parece.
 

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