AJIMEZ ARTE

Crítica

Jaime Luis Martín

En medio de la vorágine

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Publicado en La Nueva España

Merche Castaño
El mundo es un pañuelo
Del 30 de enero al 21 de febrero
Galería Octógono

Merche Castaño (Ponferrada, 1978) licenciada en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid y en Historia del Arte por la Universidad de Oviedo, ha participado en numerosas muestras colectivas en Ponferrada, Madrid, Teruel y Cuzco (Perú) y fue seleccionada y premiada en el II Concurso de cómics «Val d'Aran». En el año 2005 realizó una interesante exposición individual en la Casa municipal de Cultura de Avilés con una serie que giraba en torno al concepto de mudanza, interrogándose por el papel de lo pictórico en esta época dominada por la omnipresencia de la fotografía y la influencia del cómic. 

Entonces los bodegones -cajas de diferentes tamaños, semiabiertas o cerradas en habitaciones solitarias- representaban metáforas relacionadas con los tránsitos y construían una alegoría de estos tiempos que no admiten raíces ni quedarse quietos. Estas preocupaciones temáticas, asociadas en esta ocasión a la velocidad, tienen su continuidad en la propuesta que presenta en la galería Octógono. La obra surge como resultado de diferentes viajes por Italia y Centroeuropa, una acumulación de ciudades definidas por el dinamismo del trazo pictórico antes que por la arquitectura que les caracteriza. En este sentido su imaginario, que deja de lado cualquier realismo figurativo, abre lugares para la subjetividad y el ensueño, expresados con desenfado y levedad. 

Casi todos los cuadros de esta serie pueden interpretarse como paisajes urbanos, exentos de ansiedades estéticas, que juguetean con el dibujo, entonan modulaciones líricas y apuran una gestualidad que les imprime movimiento. La artista se plantea un recorrido por diferentes ciudades, atravesando planos poéticos, obviando cualquier aspecto conflictivo, transmitiendo una imagen íntima y amable de la que, como en sus anteriores trabajos, se encuentra ausente la figura humana. Se trata una pintura sin estridencias, liviana, con una tonalidad que va desde los azules acuáticos a los ocres montañosos, sin despreciar los rojos que salpican muchas de las composiciones. 

Pero esa visión feliz, esa alegría que transmite esta obra convirtiéndola en deseable y apetecible no es óbice para que sobresalgan otros conceptos de interés. La pintora, inmersa en la vivencia cotidiana de la velocidad, reclama una nueva perspectiva porque «el gran evento que amenaza para el siglo XXI en conexión con la velocidad absoluta es la invención de una perspectiva -señala Paul Virilio- de tiempo real, que suplantará a la perspectiva del espacio real que fue inventada por los artistas italianos del Quattrocento». Esta tiranía de la velocidad disuelve los paisajes que cambian ante nuestros ojos; ciudades en constante modificación que convierten el movimiento en el motor de su identidad. Y ese vértigo que imprime la rapidez es el que trata de captar la artista. 

En este sentido Merche Castaño revuelve en lo pictórico para producir ese instante amable, en medio de la vorágine. Porque vivimos, sin duda, en un extraño lugar, animados por trivialidades, desorientados, soñando parar algún día para contemplar el mundo sosegadamente, sin prisas. 


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