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Antonio Alonso de la Torre García

Gabriel García Muñoz. CINEMA AD

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En la Sala Borrón de Oviedo expone del 5 al 25 de febrero Gabriel García Muñoz, que es el primer premiado en esta sala por su condición de descendiente de asturianos. Gabriel es licenciado en Bellas Artes en la especialidad de pintura y técnico en diseño web.

Su trabajo incide sobre el mundo del cine y de la publicidad, ámbitos que están muy presentes en nuestra sociedad, tanto que continuamente estamos expuestos a sus imágenes y a sus mensajes. Con frecuencia se han establecido relaciones muy productivas entre los dos lenguajes, pero también existe el problema ético de marcas comerciales que se aprovechan de un público que no paga su entrada al cine para recibir determinada publicidad camuflada. En realidad vivimos una cultura cada vez más adicta a lo audiovisual en la que muchas personas consumen los mismos productos que sus adoradas estrellas, usan sus mismas gafas, fuman su misma marca de cigarrillos, o calzan las mismas zapatillas deportivas.

En la serie de doce carteles que presenta Gabriel García Muñoz también convergen cine y publicidad (ADvertising en inglés), pero de tal modo que se retroalimentan mutuamente en la búsqueda de nuevos caminos expresivos. Gabriel crea carteles, aparentemente publicitarios, que exhiben productos, personajes y escenarios inspirados en una selección concreta de películas muy conocidas. La visión que aporta es ingeniosa, original e irónica. En ella lo más interesante tal vez sea el hecho de que el público no es un receptor pasivo de una publicidad impuesta, sino que se ve obligado a recorrer mentalmente las diversas vías creativas que confluyen en cada obra para participar así de una particular forma de narrar que acaba por no vender nada.

En cada uno de estos carteles desaparecen las barreras entre película, publicidad y otras formas creativas. Sus contenidos forman ciclos de ida y vuelta, sus lenguajes convergen, y de este modo originan una novedosa globalización creativo-temporal. Por ejemplo, en uno de los carteles, el androide C-3PO, de Star Wars, abraza a la robot María de Metrópolis en una pose que alude a la popular fotografía del beso realizada por Robert Doisneau. Mientras, a su alrededor, vemos otras figuras que remiten a Robocop, Blade Runner o Regreso al futuro. El producto fingido que se publicita, denominado E-Soul, es un alma electrónica que pretende anular la distancia entre hombre y máquina, dotando a estas últimas de una sensibilidad tal que transporta la mente del espectador al plano literario, en concreto a las novelas de Isaac Asimov.

Algo similar ocurre en los demás carteles, en los que también se subvierte el significado original de las películas. En cada uno Gabriel absorbe la forma y el mensaje propios de la publicidad y la figuración y la mitología del cine. Para ello se apropia de figuras legendarias de la gran pantalla, tanto actores como personajes, y los convierte en expertos con alta credibilidad en el arte de alabar un producto. Al Pacino, Marlon Brando (o El Padrino), Donald Shutterland, el Anthony Perkins de Psicosis..., personajes cuyo testimonio no puede dejarnos indiferentes. Los vemos a medio camino entre el hábitat cinematográfico que los convirtió en símbolos y una pose que reclama nuestra atención para obsequiarnos con una sonrisa. El humor surge en la promoción de un producto imaginario que nace de la influencia de cada película. Lo que se publicita puede ser un objeto cotidiano, un artículo de lujo, un servicio o, incluso, puede ser mera propaganda moral. Además cada cartel se traslada a una, o a varias, épocas, usurpando las técnicas publicitarias de ese momento, los estilos, los contenidos habituales, los eslóganes, y las limitaciones técnicas y materiales de los años de referencia, llegando incluso a reflejar los errores habituales en las impresiones de época.

El contagio entre formas artísticas, como en este caso, ha sido con frecuencia cimiento de la cultura. Los lenguajes expresivos se nutren muchas veces unos de otros para buscar nuevas formas y nuevas ideas que se combinan para lograr nuevos puntos de vista. Sin una imposición empresarial, guiándose nada más que por sus gustos, Gabriel demuestra en esta exposición que la primera regla de un publicista es reciclar e innovar ideas constantemente para así diferenciarse, sorprender, y captar la atención del espectador.

Para acercarse más a su trabajo se puede consultar www.cinemaad.es


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