AJIMEZ ARTE

Crítica

Imagen

Juan Carlos Gea

Cuadrado teje el hilo del discurso

0 comentarios

La artista ovetense enriquece la línea de trabajos anteriores en la doble muestra Pintura y El funambulista, que exhibe en la galería Vértice



Publicado en La Nueva España

Líneas, hilos, pintura y movimiento: la combinatoria de esos cuatro elementos según conceptos y técnicas muy diferentes es capaz de generar toda la obra recogida en la doble muestra que Isabel Cuadrado (Oviedo, 1965) presenta estos días en la galería Vértice, en la que la artista expande hacia nuevos territorios la disciplinada investigación de las posibilidades de lo lineal y el movimiento emprendida en muestras anteriores. El apartado de la muestra titulado escuetamente «Pintura» recoge una selección de obras próximas -en principio- al formato pictórico, mientras que, bajo el título «El funambulista», se exhibe una impactante instalación que ocupa uno de los muros de la Sala 0 de la galería ovetense. 

La utilización de distintos tipos de hilos, que la autora emplea de maneras muy distintas, es el rasgo más llamativo del conjunto de piezas reunidas en Pintura. El concepto común a todas esas obras, por debajo de su variedad de efectos y de procedimientos, está, según Isabel Cuadrado, en el intento de «transformar la línea en algo físico», tridimensional, más allá de su fisicidad en el plano dibujado. Ambos elementos, que ya habían sido profusamente utilizados por la artista en su obra gráfica y en su pintura, establecen un juego de múltiples direcciones. Las líneas se prolongan en los hilos que brotan de la superficie de la pintura con el efecto de una refracción o un cambio de velocidad en el trazado; o bien los hilos, una vez brotados de la bidimensionalidad hacia la tridimensionalidad -dejándose caer azarosamente, entrecruzándose o disponiéndose en estrictas composiciones geométricas-, «dibujan» sobre el plano con sus sombras o disponen un ambiguo juego de tramas al intersecar hilos y sombras. En este caso interviene además, añadiendo un elemento de sensualidad y de gesto, el fondo pictórico sobre el que se disponen líneas e hilos. 

Como en su reciente muestra Universosangre, expuesta en la galería pacense Ángeles Baños, Isabel Cuadrado emplea también piezas circulares de ganchillo negro que la artista utiliza para encubrir vacíos en el lienzo, y cuyos calados amplifican hacia el interior del espacio de la obra los sutiles matices de volumen que en otras piezas se proyectan hacia el exterior del plano, expandiendo la ambigüedad entre lo pintado y lo real que impregna el conjunto de «Pintura». «No hay ningún tipo de reivindicación feminista en el uso de estos ganchillos, sino simplemente un interés en los efectos que consigo al utilizarlos», puntualiza la autora, desmarcándose del uso de este tipo de técnicas, tan connotadas de femineidad, en otras artistas. 

Los efectos que Isabel Cuadrado obtiene a partir de todo este juego oscilan entre el dinamismo óptico del «op-art», la sobriedad reflexiva del minimalismo pictórico y el estímulo puramente conceptual. No en vano, el trasfondo de todo este discurso parece ilustrar un juego etimológico y de conceptos. En «Pintura» hay una analogía de base: el hilo viene a ser al tejido lo que la línea al dibujo? o al texto, un elemento que la autora ya había investigado como materia prima en su instalación «In Hâbitat». Isabel Cuadrado explota el parentesco entre las dos ideas y sus respectivas palabras, de modo que en estas obras la línea se ahíla y se convierte en la materia prima conceptual de la hilatura y, al revés, el hilo se adelgaza y se conceptualiza. Lo textil se convierte en textual, y viceversa. Y en ese juego se trenza una especie de metatexto que es el que hay que seguir para descubrir el enmarañado y multiforme relato de esta exposición. 

Un relato que también se halla presente, pero escenificado de un modo completamente distinto, en El funambulista, una exquisita instalación en la que Isabel Cuadrado parece haber trazado un diagrama que ilustra el modo en que la interposición del tiempo y el azar alteran incluso lo más sencillo. 

El recorrido del hipotético «funambulista» -la mirada, en realidad, del espectador- discurre en forma de fluida línea negra por la blancura del muro hasta que se topa con espacios circulares donde el discurso se altera y el orden del tiempo impone demoras, detenciones y, finalmente, extravíos. Isabel Cuadrado ha empleado para ello un recurso que ya había explotado con ingenio y brillantez en exposiciones como «Ahora»: mecanismos de relojería que, en este caso, se interponen en el trayecto de la línea como una plataforma ferroviaria en el trazado de una vía, y perturban con su giro, segundo a segundo, el flujo de un discurso incierto.

Volver

Comentarios

No hay comentarios a esta critica

Si lo deseas, puedes enviar un comentario a critica:

Envía esta referencia