AJIMEZ ARTE

Crítica

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Jaime Luis Martín

Paisaje sentimental

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Marta Fermín
Ante un mar de niebla
Desde el 22 de Enero hasta el 22 de Febrero
Sala de Exposiciones Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo

En los últimos años hemos asistido a un renacer del dibujo como práctica artística vinculada a lo íntimo, una herramienta que nos permite trazar estructuras y formas relacionadas con lo corporal. Dibujar es delimitar un territorio, representar un itinerario mediante signos evocadores, desnudarse para sentir, en la propia carne, las sombras, las líneas, las referencias y las ausencias; crear un punto tan cercano a la mano que no se diferencie el trazo de la tensión emocional.
Y en este sentido Marta Fermín (Oviedo, 1973) ha conseguido, en sus más reciente trabajos, que su pulso se desplace con el lápiz y se enrede en las formas, prolongado ese latido artístico hasta el papel. Esta obra nace de la necesidad de convertir los días y los silencios en un marasmo de rayas, manchas, alusiones figurativas y palabras que se han ido acumulando en una serie de pequeños cuadernos que le han acompañado durante los últimos meses, más próximos a un diario visual que a un libro de artista. Estas maravillosas piezas que ahora salen a la luz recogen las revueltas y deseos de Marta, que ha sabido encajar en el papel, esquemática y deliciosamente, con enorme soltura y sinceridad, el palpitar de una historia llamada al olvido. El paso del tiempo, las convulsiones melancólicas y lo imperceptible están muy presentes en la obra de esta excelente artista que igual la emprende con lo pictórico que revuelve en las técnicas de estampación con tan buenos resultados que le han llevado a la Feria Estampa en diversas ediciones, al Centro Andaluz de Arte Seriado y a participar en muestras como Impronta-2 y más recientemente en la colectiva Itinerarios de la Gráfica Contemporánea Asturiana.
Pero este universo próximo, formado en los últimos meses utilizando principalmente lápiz y rotulador, se expandió dando lugar a una serie de propuestas de mayor formato en las que el dibujo –vinculado a lo figurativo- sin perder una posición privilegiada comparte protagonismo con la pintura que habla un lenguaje abstracto. La huella personal, tan presente en las páginas de los cuadernos, ha dejado paso a los residuos de lo íntimo conviviendo con un entorno de color. La mancha domina la visión, una materia fluida que adopta diferentes formas o se fragmenta en una sucesión de puntos, una erupción húmeda y caótica. Esta inmersión en lo acuoso, con sus implicaciones de muerte y renacimiento, significa un desplazamiento desde lo cercano a lo reflexivo, de lo epidérmico a lo abismal, del sentimiento y fragilidad de su diarios a las turbulencias pictóricas de estos papeles. Y en este caso los dibujos aportan un halo de misterio, un juego de ocultación y presencia, el sentimiento al alcance de la mano, diluido en el espacio evanescente.
Contemplando estas manchas, estos mares de nubes, en los que pervive un cierto espíritu romántico y una cascada de sensaciones que tanto abarca lo espiritual y delicado como lo intempestivo, cabe recordar la obra El caminante ante el mar de niebla de Caspar David Friedrich, porque Marta Fermín al igual que el pintor alemán llega a tocar lo sublime dibujando su particular paisaje sentimental envuelto en brumas.    




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