AJIMEZ ARTE

Crítica

Javier Ávila

Emoción

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Crisálidas. Fernando Gutiérrez
LABoral Centro de Arte y Creación Industrial
Hasta Abril de 2009

Adelantaba hace unos días la inminente inauguración de la pieza “Crisálidas” de Fernando Gutiérrez en la Plataforma 1 de LABoral, fruto de la concesión del premio LABjoven Experimenta convocado por el propio Centro en colaboración con el Instituto de la Juventud del Principado de Asturias, lo hacía desde la intuición de una obra avalada por anteriores ejemplos ofrecidos por el artista, creo que no iba descaminado.
Adentrarse en la sala y enfrentarse a la instalación ejecutada de manera impecable por Fernando Gutiérrez constituye una de las experiencias más satisfactorias y emocionantes que hemos podido disfrutar en mucho tiempo, no sólo en nuestra región. No es fácil encontrar obras de una contundencia, excelencia, sensibilidad y profundidad como lo expuesto a nuestros ojos en las paredes del centro de arte, culminada con una profesionalidad absolutamente precisa en escala, composición y medida del lugar, sabiendo la dificultad que en la mayoría de las muestras constituyen estas enormes salas y su arquitectura poderosa.
En esta ocasión nada de eso afecta al resultado, del mismo modo que la tecnología aparentemente sencilla, algo engañoso pues su resolución es más compleja de lo que cabría suponer, queda al servicio del discurso, sin cometer atropellos al resultado, sometiéndose a su relato, como una herramienta más en un proyecto multidisciplinar que reinventa las disciplinas y avanza en la búsqueda de soluciones sin volver a fórmulas repetitivas.
Fernando Gutiérrez se muestra como ejecutor, excelente en su técnica y construcción iconográfica, poblando los muros de seres híbridos, inquietantes, incómodos por su reconocimiento sólo parcial, personajes y situaciones que nos sumergen en una ensoñación llena de magia, pintura que pasa a un segundo plano, del mismo modo que lo hace la necesidad de un soporte técnico que permita la construcción del relato, es esto lo genuinamente incontestable, el sueño y sus monstruos, los del autor y los de todo aquél que se sitúa en el centro del espacio y convive con sus propios fantasmas y pesadillas, todo desde una experiencia, insisto, llena de emoción.
Crisálidas es ejemplo de un trabajo bien hecho, de unos argumentos sólidos en sus soluciones y sus necesidades, levantándose como una obra incuestionable, ofreciendo una diferencia a nuestras retinas, una aventura que cada espectador vivirá desde su propia experiencia, permitiendo rememorar ensoñaciones casi olvidadas o nunca recordadas.
Debe de suponer un punto de inflexión en la trayectoria de este prometedor creador, quien a bien seguro mejorará la proyección de su trabajo y deleitará a propios y extraños con nuevos núcleos de atracción tan irresistibles como el que durante unos meses podemos alegrarnos de disfrutar por nosotros mismos.


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