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Crítica

Luis Feás Costilla

Trasfondo de melancolía

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La galería Gema Llamazares muestra la obra más reciente de la artista avilesina Trinidad Rodríguez con una personal y única visión de la pintura abstracta




Publicado en La Voz de Asturias

Desde sus inicios como pintora abstracta, a principios de los años sesenta, Trinidad Fernández (Avilés, 1937) ha tenido siempre un mundo propio, extraído en parte de su anterior pintura figurativa, con la que había arrancado su carrera en Madrid en la década anterior. En los sintéticos paisajes de entonces, que resumían en pocas líneas algunos de sus rincones asturianos más íntimos, como refugios de niña huérfana, ya aparecían, esquemáticamente tratados, ciertos personajes --viandantes, mirones, curiosos-- que han acabado convirtiéndose en presencias constantes de una pintura supuestamente directa y simple pero que en realidad esconde inopinados relatos de infancia triste.
Posteriormente, a medida en que las alusiones paisajísticas fueron desapareciendo y los fondos fueron mudándose en velados espacios grises y neutros, con los que llegó a exponer en las bienales de Venecia y Sao Paulo en su momento de mayor éxito a finales de los años sesenta, estas figuras enigmáticas fueron adelgazándose hasta quedar reducidas a simples garabatos, hechos con apenas unos trazos rápidos y expresivos, pero en ningún momento perdieron su valor marcadamente referencial, como testigos mudos de unos acontecimientos que no se revelan del todo pero que están ahí, como acechando, tras una capa de superficial jovialidad y aparente alegría.
Porque la obra toda de Trinidad Fernández tiene un trasfondo de melancolía que no se nota a simple vista pero que restalla incluso en su obra más reciente, desarrollada desde comienzos de esta primera década del siglo y cuya presencia amable y colorista pudiera llamar a engaño. Si, por ejemplo, se observan detenidamente los cuadros que integran la exposición en Gema Llamazares se verá que bajo esa apariencia más remansada y armoniosa sigue latiendo similar mar de fondo.
Hay que señalar que la obra melancólica no transmite tristeza sino consuelo, que sus cuadros están llenos de vitalismo y empeño y que es una alegría que una artista veterana como ella siga planteándose la pintura con una mentalidad joven, abierta y dispuesta, tan saludablemente renovadora.


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