AJIMEZ ARTE

Crítica

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Luis Feás Costilla

La alegría del génesis

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Publicado en La Voz de Asturias
    
 José María Rielo.
 Galería Dasto, calle San Bernabé, 15 (Oviedo). Lunes a viernes, de 17.30 a 21 horas.

Hasta el 20 de enero.



José María Rielo es un organizador del caos. Mancha, pinta, raspa, se deja llevar sobre el lienzo, sobre la tabla o sobre el papel, suelta la mano, entorna los ojos, abre todas las puertas de la conciencia y al final lo que resultan son paisajes que parecen cuadros aleatorios, pero que en el caso del pintor de La Caridad no son fruto tanto del azar como de la capacidad del artista asturiano de compenetrarse con lo que pinta y hace, sobre todo.

De la misma manera que los dioses fueron capaces de sobreponerse al caos y de las tinieblas extraer la luz y del agua separar el cielo y la tierra, Rielo asume la acción en primera persona de su apellido y es capaz de hacer brillar con luz trémula lo que en principio no eran más que sombras, manchas oscuras, quitando y añadiendo, secando con el paño o la esponja, raspando con la espátula o la parte de atrás del pincel. La propia sugerencia de la pintura le va arrastrando por territorios sin hollar en los que, sin embargo, no se siente perdido, sino que por el contrario recorre con la alegría del neófito, del descubridor de mundos inexplorados, del protagonista satisfecho de los primeros versículos del Génesis.

De esas sugerencias Rielo extrae líneas inconcretas que parecen algo pero que en realidad no lo son: horizontes vaporosos, arquitecturas instantáneas, huellas humanas o naturales de alto poder atrayente. Mas, sobre el fondo claro o mucho más contrastado, a veces aparecen formas recurrentes que hacen sospechar algún arquetipo no declarado. En esta nueva exposición en Oviedo, tercera individual en la galería Dasto, se trata de algo así como un promontorio, un cerro mítico, una montaña sagrada de esas que utilizaban los celtas y otros pueblos prehistóricos para realizar sus ofrendas a los dioses, presente en muchos de los cuadros expuestos. Probablemente no sea lo que parece, una forma concreta, sino un trazo automático de gestualidad cómoda, pero en esa ambigüedad entre signo y significado está precisamente la gracia de la pintura de José María Rielo.
Casi paisajes


José María Rielo (La Caridad, 1954) posee además talento demostrado en el dominio del color, el tratamiento de las texturas y la superposición de veladuras, que insinúan más que muestran, esconden más que destapan, visten más que desnudan, en un ejercicio de permanente búsqueda entregada que en los últimos años ha cosechado ya numerosos reconocimientos tanto en su Asturias natal, donde ha conseguido premios tan importantes como el del Certamen Nacional de Arte de Luarca o el del Ayuntamiento de Villaviciosa, como en su Galicia de adopción, donde reside y ejerce su profesión y ha celebrado una buena parte de su veintena larga de exposiciones individuales, desde la primera en 1992.

Sus casi paisajes se pueden englobar dentro de lo que podría denominarse como paisajismo abstraído , dedicado a evocar el paisaje desde premisas puramente abstractas, aunque con algún eco figurativo.

Con el precedente de Antonio Suárez, que a finales de la década de 1960 empezó a realizar composiciones abstractas que tenían un lejano parentesco con paisajes emocionales, más imaginados que reales, interpretados en clave sensitiva, en Asturias sus más destacados representantes, además del pintor de La Caridad, serían José Arias, con sus playas ideales que perfila siguiendo la veta de la madera; Avelino Mallo, con sus lienzos de esa tierra devastada y postindustrial que tanto se parece a la cuenca minera asturiana; el fallecido José Andrés Gutiérrez, con sus sugerencias de elementos y objetos tomados de lugares portuarios o marinos, o el más joven Guillermo Simón Gallego, con sus más recientes y románticas obras, sobre todo.

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