AJIMEZ ARTE

Crítica

Elena Vozmediano

Lo que el nuevo año esconde

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India encabeza las propuestas más importantes de 2009




Publicado en El Cultural


Empieza el año y, con él, la nueva programación de exposiciones de centros y museos. Una temporada que estará marcada por dos hechos que son consecuencia de la crisis financiera que nos deja el 2008: la reducción de presupuestos así como los acuerdos de coproducción como vía alternativa al recorte. Un año que, dicen, se avecina malo para el mercado del arte, y que nuestro país intentará paliar mirando hacia la India, país de mercado en alza y protagonista estrella este año en ARCO. Hacemos un repaso por el calendario de exposiciones para ir preparando la agenda.

Cada centro de arte es un mundo. Sus responsables políticos, sus directores y conservadores, las condiciones de su entorno urbano y social, el marco del mercado del arte, el de la comunidad artística local... todo ello determina la “misión” del museo o centro y su programación. Sería de esperar una gran variedad en la oferta expositiva. Y hay opciones diversas, es cierto, pero también marcadas tendencias. Las protagonistas: el arte oriental y el de los años 60 y 70.

Este año toca India en ARCO y habrá en Madrid varias exposiciones con arte de ese país, la más relevante de ellas en Alcalá 31. Pero, además, tendremos un contexto religioso a través de las obras maestras del arte islámico en la Colección del Museo Aga Khan –Caixaforum Madrid, en mayo– y geográfico en Orientando la mirada. Arte asiático en las colecciones públicas madrileñas –en el Conde Duque, en febrero–, mientras se mantiene en el IVAM la hace poco inaugurada India moderna y conocemos más en detalle a algún artista individual, como la angloindia Alia Syed en el MNCARS. El inefable Murakami, desde Japón, venderá sus bolsos de Louis Vuitton en el Guggenheim de Bilbao –en febrero– y, en el mismo museo, asistiremos a los fuegos artificiales del chino Cai Guo Qiang –en marzo–.

Las instituciones más historicistas revisarán la obra de algunos artistas de las vanguardias como Maurice Vlaminck –Caixaforum Madrid, en marzo– o su compañero Henri Matisse –el tramo central de su carrera, en el Thyssen, en junio–, Julio González –MNCARS, en marzo–, Tarsila do Amaral –Fundación Juan March, en mayo–, Torres García y Vieira da Silva –IVAM, en marzo–. Pero este año el protagonista es el surrealismo, con una muy interesante y completa exposición de los collages originales de Max Ernst, Une semaine de bonté, que viene de Hamburgo, en Mapfre –en febrero–, complementada por los dibujos surrealistas de la colección de la aseguradora, y más tarde, por una revisión de la figura de Antonin Artaud en La Casa Encendida –en abril–. Y de herencia surrealista es también la obra de teatro de Picasso El deseo atrapado por la cola, de 1941, a la que consagrará una muestra el Círculo de Bellas Artes en febrero.

La tendencia predominante, sin embargo, es la de la recuperación de los artistas que en los años 60 y 70 marcaron direcciones nuevas, en relación al arte conceptual y la performance. Podría hasta parecer que se ha producido una orquestación nacional entre directores afines. El MNCARS estudiará la obra del estadounidense Paul Thek, con más de 300 piezas –en febrero–, mientras simultaneamente el MACBA recorre la del brasileño Cildo Meireles, Premio Velázquez 2008, que viene de la Tate Modern. En fecha sin determinar llegará a la Fundació Antoni Tàpies la retrospectiva de su compatriota Ana Maria Maiolino, participante con Oiticica y Clark en el movimiento neoconcreto. En el Centro José Guerrero, dos clásicos de la época, Martha Rosler –La casa, la calle, la cocina, enero– y David Lamelas –En lugar del cine, abril–, y en el CAAC el algo más joven Stephen Prina –en enero–, un “conceptual impuro” que trata de los mecanismos culturales que rigen la producción y la recepción en el sistema institucional artístico.

También esta etapa del arte español será sometida a revisión a través de la retrospectiva sobre el Grupo ZAJ en el Círculo de Bellas Artes –oportunamente, tras recibir Esther Ferrer, una de sus componentes, el Premio Nacional de Artes Plásticas–, y la selección de obras de las citadas décadas de Joan Rabascall en el MACBA –en este mes–, centradas en las transformaciones tecnológicas e informativas. El CGAC abordará lo ocurrido en Galicia en los años 70 –también en enero–, para, a continuación, sacar a las salas el Arte conceptual en la Colección CGAC –en marzo–, mientras que el CAAM acogerá la exposición de Antoni Muntadas La construcción del miedo y la pérdida de lo público, que llega a Las Palmas desde el Centro José Guerrero. Pocas opciones fuera de esta tónica: Kiki Smith en la Fundació Miró de Barcelona –en febrero– o la inauguración de la intervención de James Turrell en Montenmedio, Véjer –en mayo–.

Para ver en los museos y centros obras de artistas de estas últimas décadas habrá que salir de las grandes ciudades. Hay algo en Madrid, con Eulàlia Valldosera, Paul Sietsema y Fischli & Weiss en el MNCARS –y una instalación de Josiah McElheny en el Palacio de Cristal–, Sergei Bratkov en el Canal de Isabel II, pero habrá que ir a León –Elmgreen & Dragset, Kirstine Roepstorff en el MUSAC–, Burgos –Martin Assig, Ingo Giezendanner, Bridget Baker en el CAB–, Salamanca –Yehudit Sasportas, Martin Kobe, Marc Bijl en DA2– o Castellón –Ann Veronica Janssens, Saâdane Afif– para estar al día en propuestas internacionales. De igual manera, son estos centros, además de algunos más “centrales” en Cataluña, los que dan más oportunidades a los artistas jóvenes y no tan jóvenes españoles; como muestra, Marina Núñez en el MUSAC, Pamen Pereira en el CAB, Ibon Aranberri en la Fundació Antoni Tàpies y el CGAC, Diana Larrea, Javier Arce, Abigail Lazkoz y Raúl Belinchón en Espai 13, Jaime de la Jara en Tecla Sala, Bleda y Rosa en el CAAC, Dionisio González en Patio Herreriano o Javier Longobardo en LABoral.

Precisamente en el centro de Gijón, será de los pocos que organice colectivas temáticas, relacionadas siempre con las nuevas tecnologías. Se anuncian bien pocas, y entre ellas se lleva la palma, a priori, La sombra, exposición basada en el ensayo célebre de Víctor Stoichita, con obras desde el Renacimiento a nuestros días, en el Museo Thyssen y la Fundación Caja Madrid –en febrero–. También prometen Cataluña visionaria, en el CCCB de Barcelona, aunque con peligro de exaltación patriótica, y otra propuesta sobre arte y naturaleza en el CDAN de Huesca, Los tiempos de un lugar –estos días–. Poco más: dos muestras con título parecido en Galicia: En todas las partes –CGAC, en mayo–, sobre representaciones de la masculinidad y la feminidad, y En cualquier lugar, en ningún lugar –MARCO, en enero–, sobre la relación entre imagen, arquitectura y literatura, que pasó por La Panera de Lérida.

Hay pocas exposiciones importantes de pintura antigua anunciadas, siendo destacable tan sólo la dedicada al joven Murillo en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. El Museo del Prado, que suele ofrecernos el plato fuerte en este apartado, subraya su vena contemporánea con Francis Bacon en febrero y busca el público con Sorolla en mayo. Por último, mencionar los amplios programas de la Bienal del Paisaje de Canarias y PhotoEspaña, que este año se dedica al tema de la cotidianidad. Pero de todo eso ya les hablaremos de ellos más adelante.

 

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