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Rocío de la Villa

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Publicado en El Cultural
There is no road
Comisario: Steven Bode. Laboral. Los Prados, 121. Gijón. Hasta el 16 de marzo de 2009.



Decía Georg Simmel a principios del siglo XX que si el mar, con su dinamismo colosal, nos eleva sobre las accidentalidades de la vida en una suerte de plenitud vital, en la alta montaña por el contrario la vida se halla como prisionera “en algo más silencioso y firme, más puro y alto que pueda serlo jamás la vida”. Y éste es, en principio, el guión desde el que arranca esta exposición en La Loboral, de Gijón. Sobre un muro del enorme vestíbulo, la instalación fotográfica de la holandesa Annabel Howland con unos recortables de olas agitadas, dispuestas como laderas de una vasta cordillera, da paso a la proyección de un caminante solitario hundido entre la nieve, de los suizos Lutz & Guggisberg.

Sin embargo, los argumentos que va desgranando el comisario Steven Bode a lo largo de la exposición contradicen la visión de la montaña como una atalaya metafísica, refugio de religiosidad o, al menos, de una espiritualidad alejada, distante y contraria de la vida. La obvia referencia al sentido trascendental del paisajismo romántico se torna aquí en una metáfora del discurrir de la propia vida y de las elecciones que hacemos en nuestro transcurso. There is no road, expresión en inglés del “no hay camino” machadiano, incide con su traducción en el trasvase de las experiencias culturales del camino que se hace al andar y, en concreto, de la imagen privilegiada de la montaña, con sus múltiples retos. De manera que lo que nos propone es que, como peregrinos, nos salgamos de las rutas más trilladas del estereotipado camino de Santiago para experimentar cada cual su sendero. Una lectura que se sigue con toda claridad a través del paseo por la exposición, que comienza desde imágenes de lejanía y falta de visibilidad para adentrarnos en experiencias más fenomenológicas del monte; y que termina deconstruyendo el género visual de la alta montaña en nuestra tradición artística y documental y el sentido del andar fuera del camino como un acto de tal impronta en el arte contemporáneo, que prácticamente le define.

De modo que los artistas que contribuyen en esta exposición, en su mayoría centroeuropeos y norteños, proponen una revisión de la tradición romántica, que tan bien conocen. Sin que ello les impida reivindicar una autenticidad para la experiencia estética que incluye lo sublime ahora. Pertenecientes a una generación que comienza a despuntar a mediados de los 90, expresan por tanto nuestra sensibilidad a principios de este siglo XXI, con esa característica conciencia de “final del paisaje” –tan ligada a la globalización mediática– y, al tiempo, una vuelta no ingenua pero sí activa para reflexionar; y, saliendo del apoltronamiento urbano, buscar nuevas vías de experimentar la naturaleza indómita, con otros modos de hacer.

Alternando con notable equilibrio obras sentimentales y reflexivas, atisbamos el paisaje en neblina, rodado en los Pirineos, junto a fotos de frágiles emplazamientos para pájaros en las cumbres, del finlandés Axel Antas frente al vídeo del turco afincado en Londres Ergin Çavasoglu, For walking, cuya sensibilidad hacia el destino fronterizo le ha llevado a grabar en la costa francesa del Golfo de Vizcaya, desde donde se adivinan casas y acantilados. Otras producciones encargadas site-specific por La Laboral subrayan la experiencia de caminar por el monte: el vídeo Uriel, de los escoceses Alexander y Susan Maris, y la negociación del inglés Simón Pope en el Picu Cuturruñau, una instalación sonora que también debe caminarse y que nos cuenta las diferencias de percepción y los problemas de traducción lingüística entre Pope y un joven pastor. Además, entre éstos, quisiera destacar el vídeo La ruta, del asturiano Roberto Lorenzo: una inmersión de una visualidad casi líquida por un sendero boscoso trazado por la escaladora Rosa Fernández y capturada con un Steadycam, que persigue recobrar la apreciación de Wilhelm Hellpach –en su clásico Geopsique– del sujeto que “se hunde y se funde en el medio vital que recorre”. Esta primera parte de la exposición prácticamente culmina con exaltación contemplativa en la videoinstalación Aliento del Chomolugma de Gabriel Díaz, pero compensada por la compleja instalación de Erika Tan, con un conglomerado de versiones expresadas con variados medios del Monte Fuji, la montaña más emblemática de Japón.

En la segunda planta cunde la incitación al aprendizaje. Con la conocida instalación Exercises on the North Side de Ibon Aranberri, acerca de la posibilidad de refundar género documental clásico de la escalada trillada por productos como Al filo de lo imposible –presentada en la última Documenta, pero readaptada en cada ocasión. Y que compagina bien con los dos vídeos -lírico y cotidiano– de A K Doblen. Y finalmente el absurdo paseo en línea recta siguiendo la longitud cero con un GPS hasta llegar al mar de Simon Faithfull: su grabación en b/n irónicamente nostálgica recuerda acciones pioneras de land art, pero desactivando su mistificación, con los grabados de cuervos sobre pequeñas placas de granito a partir de dibujos realizados en el camino con una PDA.

Con esta muestra, La Laboral marca un giro elocuente en su programa de exposiciones. Pues si desde sus inicios viene implementado proyectos de producción en el marco de un intercambio entre creadores asturianos, nacionales e internacionales interesados en el arte tecnológico y las industrias creativas, ahora se suma a la tendencia de la crítica internacional que subraya la importancia de un trabajo arraigado en lo local como elemento imprescindible para crear nuevas audiencias y sentido último de todo centro de arte contemporáneo.

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