AJIMEZ ARTE

Crítica

Antonio Alonso de la Torre García

Astragal y Ánxel Nava

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Hace unos días el gijonés Espacio Astragal cumplía diez años de existencia. Con tal motivo se celebra actualmente una exposición especial que reúne a los ganadores del Premio Astragal y a otros artistas que colaboraron con este proyecto a lo largo de estos difíciles años. En principio parece que esta muestra múltiple es la más ambiciosa de las que realizó hasta el momento ya que colabora la todopoderosa Lab. Desde la sede de Astragal hasta el centro de arte de la Laboral cada artista dispone de una cabina telefónica en la que plasmar sus ideas. Pero en todo esto hay algo que no cuadró muy bien. El recorrido inaugural en autocar se pareció bastante a un juego laberíntico en busca de unas cabinas que, para empeorar las cosas, no estaban bien señaladas en el plano y aparecían confundidas. La prensa al día siguiente no hizo sino reiterar estos errores al otorgar a unos artistas obras que no eran suyas. A veces la llegada del dinero no lo es todo. Y es que durante sus nueve primeros años el Espacio Astragal vivió momentos muy difíciles pero plenos de acierto y dignidad. Era uno de los pocos lugares en que tenían cabida los artistas jóvenes que tenían la sana intención de relacionar este sitio con la “modernísima” ciudad de Gijón. Pese a eso no encontró ventajas en su desarrollo y estuvo cerca de desaparecer varias veces. Hubo un artista que se empeñó en empujar este proyecto desde su nacimiento, buscó financiaciones, aportó ideas, comprometió su tiempo para dignificar el espacio y a los artistas que allí llegaban, y mil detalles más que conocen los que vivieron de cerca estos años. Y sin embargo ahora ni se menciona su nombre. Se trata de Ánxel Nava, sobre el que recae insistentemente la “damnatio memoriae” que pretende borrar su nombre de la mente colectiva. Hasta en la prensa los comentaristas del arte oficial felicitan el aniversario de Astragal y mencionan a sus colaboradores sin acordarse de Ánxel. No son despistes. Se trata de un intento de reescribir la historia. El motivo parece ser el apoyo de este creador a múltiples causas que no agradan al poder. No están obligados a contar con él pero no deben manipular el pasado. Ánxel Nava defiende unos conceptos artísticos alejados de las galerías comerciales, lo cual lo llevó a creer en unos espacios públicos que creyó más libres y menos interesados por el beneficio empresarial. Parece que se equivocó. En estos tiempos con galerías privadas cercanas al poder, y muchos intereses entrecruzados, la confusión, el despilfarro y la ignorancia se mezclan. Puede que ahora Ánxel vea que hay mayor independencia en algunas salas privadas, aunque sean sólo muy pocas. De cualquier modo, en algún lugar debe quedar registrada una historia más real y menos oficial. Como si fueran otros tiempos.





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