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Crítica

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Jaime Luis Martín

En carne viva

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Publicado en La Nueva España


Kso
Anatomía de una ola
Pinturas
Del 4 al 30 de Noviembre
Casa Municipal de Cultura de Avilés

Recorriendo la exposición «Anatomía de una ola» he recordado la cita del pintor británico, pero de origen berlinés, Frank Auebarch quien afirmó: «El fin de la pintura es éste: captar para el arte una experiencia en carne viva». Frase que bien puede hacer suya el artista José Francisco Caso del Corro (Gijón, 1970) que firma sus obras como Kso. Este creador formado en la Escuela de Artes y Oficios de Oviedo que ha ganado el premio Ayuntamiento de Valdés en el último Certamen Nacional de Arte de Luarca, parece vivir al margen de ansiedades estéticas, recreando su autobiografía: el estudio, los amigos y sus experiencias; una intimidad que se desgaja en instalaciones, vídeos y en la necesidad pictórica de comunicar sentimientos con olor a óleo y acrílico.

Estas pinturas podrían situarlo en una pre-modernidad -cuando todavía era posible la representación del cuerpo y el rostro, la celebración de la presencia humana-, liberándolo así de las zozobras contemporáneas que sacuden a tantos artistas hasta reducirlos a marionetas de su tiempo. Pero Kso que no se ha dejado influir por modas ha emprendido su particular trayecto de aprendizaje y análisis del mundo que le rodea y de sí mismo. Y en este reconocerse y reconocer al otro juega un papel esencial el acto de pintar, ya sea entrelazando gestos que se vuelven conocimientos, ya fijando en el lienzo al personaje, aprehendiendo su vida en los pinceles.

El realismo figurativo de Kso, su mirada a los cuerpos, a la desnudez, transmite desasosiego y pesadumbre porque sus personajes tienen conciencia de la finitud, asumen la condición humana con resignación. Estas figuras estáticas, despojadas de cualquier referencia externa, se enfrentan a la soledad y agotamiento de su cuerpo, un cansancio que no es más que la proyección de su existencia, que resulta tan emocionalmente visible que cabe preguntarse por nuestro derecho a mirar, a violentar sus vivencias. En estas imágenes encontramos un tipo de belleza diferente a la habitual, que se halla al margen de ideales, pues los retratos están realizados «sin importarle -como señala Antonio Alonso de la Torre en los Papeles Plástica- excesos o imperfecciones, lo que busca es la esencia que hay detrás», lo inefable.

Estos retratos son modelados por una pintura que se hace carne, pasión, mediante un lenguaje que encarna lo corporal, una práctica que desde Rembrandt hasta Lucien Freud ha conducido a transformar lo visual en una experiencia táctil, en la que pervive la sensualidad y lo enigmático. Esta mirada no sería posible si no existiese una complicidad con el motivo, como sucede con el retrato cúbico, realizado desde diferentes perspectivas, del viejo pintor gijonés Aik, que revela una familiaridad con el modelo, otorgándole dignidad y emoción. En sus autorretratos tampoco se esconde la desnudez, ni la soledad del artista que abstraído en mitad de la nada parece contemplar el oleaje artístico con cierta indiferencia sabiendo que cualquier aventura plástica pasa obligatoriamente por recuperar el camino que conduce hasta el cuerpo.
Foto: Miki López

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