AJIMEZ ARTE

Crítica

Antonio Alonso de la Torre García

KSO, anatomía de una ola

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José Francisco Caso del Corro: pequeña historia de un perfil


Texto publicado en los Papeles Plástica de la Casa Municipal de Cultura de Avilés.

José Manuel Caso del Corro, que suele firmar sus obras como Kso, nació en Gijón en 1976. En esta ciudad transcurre su vida en circunstancias a menudo nada fáciles. Desde muy joven sintió la necesidad de expresar las reflexiones,  dudas o temores que agitaban su interior, casi siempre teniendo como objeto al ser humano. Estudió en la Escuela de Artes y Oficios de Oviedo y desde entonces ha seguido vinculado a la creación, tanto con acciones, instalaciones, vídeos o pintura. En esta última especialidad ha conseguido varios premios, entre los que destaca el alcanzado este mismo año en el Certamen de Luarca. También fue seleccionado varias veces en el Concurso de Pintura organizado por la Junta General del Principado. Llega a Avilés desde Bruselas, donde ha mostrado sus obras recientemente. En su trabajo es frecuente la utilización de sonidos e imágenes, que convierten sus muestras en instalaciones y que permiten comprender mejor la intención de la obra.

Caso suele pintar a personas que le son cercanas, sus amigos, su novia..., a los que conoce bien y posan de modo natural, sin pudor. De este modo le resulta más fácil mostrar las interioridades del retratado, tanto con ropa como sin ella. Son por tanto seres reales, pero anónimos, podrían ser cualquier otro. Estas figuras aparecen reproducidas en soledad, frecuentemente envueltas en la nada. Si a esto se añade la utilización de colores crudos, todo junto produce en el espectador una mezcla de tensiones, desde melancolía o pesadumbre hasta ternura o comprensión. La unidad entre la fisonomía del personaje y los pensamientos y afecciones del mismo la consigue en la ejecución del retrato por medio de contrastes lumínicos y unidad de color. La obra en su conjunto semeja el retrato de una joven generación que vive una época no tan fácil ni tan cómoda como muchos quieren ver. En cualquier caso, no pretende ser un reportaje social, sino una reflexión sobre el papel del ser humano en la sociedad actual.

Estos personajes retratados, que pueblan la vida del artista, suelen aparecer en actitudes silenciosas, un tanto estáticas y pensativas, como si se hubieran parado un instante para hacerse preguntas. Sin embargo sus ropas denotan una vida joven, agitada, sin tiempo para muchas reflexiones. A veces parece que simplemente están cansados. Pero no es sólo eso, porque en las miradas de esas personas se sugieren grandes interrogantes volcadas a su mismo interior. Son seres llenos de deseos y de secretos que buscan confesar y compartir. Bajo un sistema global aplanador ellos se mueven como pueden, como los dejan, y se afanan en buscar la diferencia que los distinga. Lo hacen en su vestimenta, en los ambientes que frecuentan... pero eso no es más que un inútil ornato exterior.

Estos retratos realizados por Caso han ido despojándose de los lugares que las figuras habitaban. Las discotecas, bares, calles... eran prolongaciones de lo que aparentaban los personajes. En definitiva eran habitantes de una sociedad cada vez más artificial. Poco a poco las figuras han ido apareciendo cada vez más despojadas, cada vez más desnudas, porque cada una posee su historia. Ahí es a donde quiere llegar el pintor, al lugar más apropiado para conocer a los demás mientras aprende a conocerse a sí mismo. Porque a pesar de los numerosos retratos realizados es a él mismo a quien más persigue conocer Caso. Son numerosos sus autorretratos, realizados también sin miramientos, pintando a menudo su propia desnudez. Tal vez el conjunto de toda su obra no sea más que un enorme autorretrato en el que figuran las personas en las que él se refleja a diario. Entre todos construyen su apoyo. Y también entre todos construyen un universo más comprensible y amable que el que nos es dado.

El afán del artista por penetrar en lo más recóndito del sujeto lleva pareja la ambición plástica de llegar casi a moldear la figura humana. Esta búsqueda de las tres dimensiones la realiza sin abandonar la pintura. En este sentido una de las obras más recientes es el retrato cúbico a partir de cuatro perspectivas que Caso realiza al veterano pintor gijonés Aik. Un trabajo que resulta a un tiempo rudo y conmovedor. La sinceridad en el trabajo lleva a Caso a una obra rigurosa, despiadada y digna. Aunque reproduce la imagen con exactitud, sin importarle excesos o imperfecciones, lo que busca es la esencia que hay detrás. No persigue con sus figuras o desnudos escandalizar o perturbar al espectador. Más bien pretende acceder a lo más escondido del sujeto, a descubrir misterios que permanecen ocultos detrás de los muchos artificios con los que pretendemos protegernos.

En definitiva es un deseo de vuelta al orden, al orden personal, al orden social y al orden plástico. Una necesidad de construir un mundo equilibrado. Se trata de un retorno a la figuración que se observa en la plástica actual y que tal vez delata a una generación de jóvenes que no tienen miedo de sí mismos, que desean ejercer su libertad y su responsabilidad personal. Porque no se conforman con ser parte de la masa o del rebaño que siempre reclama pastores y perros que los guíen. No les gusta a estos jóvenes la presunta civilización que les niega el derecho a ser lo que quieran ser y se dedica a vaciarlos de su propia esencia. La obra de Caso es entonces un homenaje a la infinita variedad de la apariencia humana.

Caso visto por él mismo

Caso no pretende convertir el arte en una expresión mimética del mundo o de la sociedad. Tampoco busca describir las facetas más instintivas o primitivas del ser humano. Sería pecar de vanidoso. Él mismo insiste en que su intención es mostrar retratos cotidianos desde un estilo documental, sin intentar ofrecer una verdad absoluta. Comenta que persigue analizar la imagen, y los conceptos que ella sugiere, para defender el derecho a contemplar una sola figura en un mundo invadido por el exceso casi orgiástico de  imágenes y sonidos.

No le gustan los análisis profundos sobre su trabajo o sobre el arte en general. Considera que es perder el tiempo pensar lo que es o debe ser, en si debe ofrecer respuestas o preguntas, o si ha de ser tecnológico, lógico, irracional, decorativo, trivial o cualquier otra cosa. Él mismo escribe que para él el arte no es más que la anatomía de una ola, que depende desde donde la visualices, con que ojos, de que medios dispongas, tecnológicos o espirituales... En cada ocasión saldrá una visión u otra. Por eso resultará siempre una visión sesgada, parcial, pero precisamente por ello le resulta interesante, porque le interesa la diversidad en medio del intento globalizador que iguala a los seres humanos. Insiste Caso en que es imposible realizar la anatomía de una ola, imposible comprender el mundo que nos rodea. Y sin embargo es el más loable de los empeños. Porque apenas nos dejan decir que somos quien somos.

Queda dicho que es Caso un artista multidisciplinar y por tanto también le gusta expresarse por escrito. En relación con esta exposición escribe:

“Tengo un ordenador muy viejo. Algunos dicen que es una patata. Cuando lo enciendo hace un ruido descomunal. Intento trabajar con él pero su ruido persistente no me deja concentrarme. Decido apagarlo siempre sin haber logrado otra cosa que hartarme de él y su ruido. Me acuesto. Apago la luz. Pero, ¡oh sorpresa!, en la silenciosa oscuridad de mi cuarto aparece el ruido de mi cabeza y ése es mucho más difícil de apagar”.

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