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Crítica

Imagen

Jaime Luis Martín

Ensalzar la finitud

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Publicado en La Nueva España


Tránsitos
Guillermo Ocio y Chefi M. Cabal
Del 10 de Octubre al 3 de Noviembre
Galería Octógono

Con «Tránsitos», la propuesta conjunta de Guillermo Ocio y Chefi M. Cabal, se produce una irrupción de los sentidos en el ámbito de lo visual. Cierto que las fotografías de cada autor mantienen una independencia técnica con resultados muy diferentes, pero ambos creadores se sitúan próximos a la naturaleza muerta, ese género tan querido por las primera vanguardias y que la fotografía reanimó, logrando sacarlo de la uci pictórica en la que agonizaba. Pero Chefi y Guillermo rinden tributo a una naturaleza muerta alegórica, cuya cima serían las «vanitas», emblema de muerte y de la fugacidad terrenal. Al respecto, Lotman considera que este tipo de obras tiene un carácter de mensaje cifrado, señalando que «tal naturaleza muerta no es mirada, sino leída. Pero no es simplemente leída, es descifrada: es una criptografía para iniciados que hablan el lenguaje esotérico convencional».

Las flores protagonizan los últimos trabajos de Chefi M. Cabal, un mundo delicado que ha logrado sobrevivir entre la oscuridad de lo abyecto y lo terrible, y añade complejidad a la naturaleza muerta, que pasa a ser percibida bien como representación natural, bien como una poética que rinde tributo a la pasión y al amor, o como un compromiso con lo bello. Desde sus inicios, la fotografía, ante la imposibilidad de aprehender la complejidad de la flor, decidió transformarla, manipularla o tomar algunas de sus partes como una realidad que tenía suficiente entidad por sí misma. Pero, aun así, algo tienen las flores, que su simple visión consigue contagiarnos de armonía y belleza. Chefi se ha servido de pétalos de amapolas sumergidos en agua para adentrarse en unas composiciones de raíz pictórica que nos devuelven un orden afable, pero teñido de un melancólico rojo intenso. Las transparencias y los reflejos de las imágenes nos conducen a la intimidad de un orden secreto cuya contemplación nos inunda de silencio.

Las fotografías de Guillermo Ocio cabe entenderlas como auténticos dispositivos evocadores de la muerte, pulsiones enigmáticas que funden distintos instantes, una sucesión de desvanecimientos. En estas obras se encuentran presentes cuerpos de pájaros inertes, calaveras de animales, plumas y alas, en una manifestación de recursos y fragmentos que conducen a reflexionar sobre la brevedad de la vida. Aquí no cabe más que la muerte y la estela neobarroca que va dejando ese instante final suspendido en el aire. Y esa última fracción antes de abandonar el mundo, un tiempo fronterizo, produce una conmoción, revelando toda la potencia del ser. El posterior instante, ya espectro, ya nada, huella sin pisada, aparece en las fotografías de Guillermo como un «trompe l'oeil» que provoca vértigo e inquietud, enfrentándonos, como espectadores, a una óptica que ensalza la finitud. Y a un tiempo inmóvil, propio de la naturaleza muerta, le sucede la representación de las postrimerías.

Tanto en la obra de Guillermo Ocio como en la de Chefi M. Cabal se rinde tributo a lo sensorial, a la teatralización de la descomposición, al devenir que conduce al desgarro final, cuando todo se interrumpe y sólo sucede la nada.

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