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Crítica

Luis Feás Costilla

Las mujeres de Evaristo Valle

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Publicado en La Voz de Asturias
La mujer en la pintura de Evaristo Valle (1903-1950).

 Fundación Museo Evaristo Valle, Camino de Cabueñes, 261 (Somió, Gijón). Martes a sábados de 17 a 20 horas. Domingos y festivos de 12 a 14 horas.

Hasta el  26 de octubre.


Para Evaristo Valle, como para Nicanor Piñole, la mujer siempre fue una referencia ineludible, a pesar de la recalcitrante soltería de ambos. Nicanor Piñole, que llegó a centenario, vivió siempre a la sombra de su madre, a la que retrató magníficamente en sus últimos años, mientras que Evaristo Valle, el otro gran renovador de la pintura asturiana en la primera mitad del siglo XX, no dejó tampoco de reflejar continuamente a la mujer en su persistente obra, bien sea desde el lado cáustico, inmisericorde y mordaz o desde la perspectiva más ensoñadora, simbolista y fatalmente atractiva, cuando no costumbrista y social, con Asturias al fondo, según se muestra en la Fundación Museo Evaristo Valle de Somió, en lo que ha sido su exposición del verano y está ya próxima a clausurarse.

La exposición se compone de sesenta y tres acuarelas y pinturas con los contenidos separados en tres apartados distintos, referidos a las estancias de Valle en París y su remembranza entre 1903 y 1917, los temas asturianos entre 1918 y 1948 y las evocaciones finales, en los años postreros del pintor gijonés, entre 1949 y 1950. En su mayor parte son obras conocidas y del propio museo, aunque también hay otras procedentes de colecciones particulares y menos divulgadas, y el tema tampoco da para demasiadas conclusiones, según se deja entrever en el catálogo, que por cierto ofrece excelentes sinopsis de la trayectoria artística y vital de Evaristo Valle, pero la verdad es que cualquier excusa es buena para volver a acercarse a la peculiar forma de entender el arte y concebir el mundo de este pintor insólito, agorafóbico y angustiado, cuya expresividad caricaturesca de vivos colores rara vez suele ser asociada con la modernidad y la vanguardia española de comienzos del siglo pasado, a pesar de sus evidentes innovaciones con respecto al conservador ambiente artístico que le rodeaba. En este sentido resulta significativo que a estas alturas sea un pintor casi inédito fuera de las fronteras asturianas, a pesar de que en su momento llegó a exponer con éxito en Madrid, Londres y Nueva York, nada menos.

Un valioso legado

Sería precisamente una mujer, María Rodríguez del Valle, sobrina del pintor, hija de su hermana María, quien se encargaría de que su legado artístico prevaleciera donando una hermosísima casona con jardín que serviría de base para constituir la Fundación Museo Evaristo Valle, de la que ahora se celebra el 25 aniversario. Dirigida con entrega y abnegación por Guillermo Basagoiti, la finca de Somió se ha convertido en un lugar de encuentro de artistas en torno a la figura señera de Valle, como bien queda patente en sus cuidados y deliciosos jardines, que reúnen obra de los más importantes escultores asturianos contemporáneos, entre los que destaca, por motivos personales, el recientemente fallecido Joaquín Rubio Camín, que llegó a conocer y a ser amigo del gran pintor gijonés, al que retrató en su lecho de muerte. Su admiración por él quedó patente en su participación activa en la institución fundacional, de cuyo patronato fue miembro.

Junto a Camín se posicionarían otros artistas y algún que otro estudioso, como el hermeneuta Francisco Zapico, los cuales han defendido siempre la valía y la actualidad de la pintura de Evaristo Valle. La lástima es que este apoyo incondicional, basado no en motivos emocionales sino en criterios objetivos, no tiene apenas trascendencia fuera de Asturias, a pesar de que en su momento Evaristo Valle tuvo refuerzos críticos y académicos foráneos tan valiosos como el de Luis Bonafoux, José Francés o Enrique Lafuente Ferrari, por no citar a amigos asturianos tan significativos como Ramón Pérez de Ayala o Fernando Vela, secretario de la Revista de Occidente, dirigida por José Ortega y Gasset, quien pasó unos días en la casa de Somió, en uno de sus filosóficos viajes proselitistas. A esta falta de trascendencia contribuyen las escasas ayudas que recibe la Fundación Museo, sin apenas subvenciones municipales o autonómicas.

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