AJIMEZ ARTE

Crítica

Jaime Luis Martín

Reivindicaciones escultóricas

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Publicado en La Nueva España


Teresa Monforte
Sin estridencias
Museo Antón. Centro de Escultura de Candas
Hasta Noviembre

 Quien haya visitado la cuarta edición de «Skulptur Projekte» en Münster celebrada en 2007 -el evento artístico tiene lugar cada diez años y ha marcado con sus tendencias las últimas décadas-, pudo percibir que la escultura contemporánea se ha disuelto en el paisaje, no necesita estar realizada en ninguna materia específica, asume su carácter efímero, construye lugares para la crítica social, se sirve de lo teatral para sobrevivir o deriva en una radicalidad conceptual, sin obviar regustos posminimalistas o poéticas del objeto.
En cualquier caso todas las corrientes estéticas reflexionan sobre la función de lo escultórico en los tiempos actuales y apuntan estrategias de resistencia frente a la tendencia ornamentalista dominante. El camino para lograrlo, aún a riesgo de caer en incoherencias, supone un desafío para cualquier artista pero también una oportunidad de elaborar un discurso más acorde con los cambios que se han sucedido desde el punto de vista político, social y urbanístico.

En este sentido Teresa Monforte (Gerona, 1941) asume con su nuevo proyecto, ambicioso y formalmente impecable, el riesgo de entrar en este debate. Formada en el taller de Humberto con exposiciones individuales en la galería Dasto (2003), el centro cultural Antiguo Instituto (2004) y el centro de arte Casa Duró (2006), por citar sólo algunas, su trayectoria se ha caracterizado por la urgencia en encontrar una voz propia en el panorama artístico asturiano ensayando distintas formulas, siempre con un afán de experimentación comprometido con la modernidad.

En estos últimos trabajos, construidos con fibra de vidrio o madera a la que se adhiere lija industrial, concurren varios de las preocupaciones de la artista. Se produce la confluencia de lo pictórico -el color de la superficie y la preocupación por lo textural- con lo escultórico -las diversas modulaciones a que somete el material- y lo arquitectónico, transformando el espacio con esta especie de estructuras murales que fluyen por la sala. Indudablemente que estos relieves remiten a múltiples referencias pero la intuición de Monforte evita indeseables efectos miméticos.

Sin embargo, la artista consigue los mejores resultados con sus aproximaciones al minimal, explorando ciertos ordenamientos visuales, caracterizados por la repetición o la adición de unidades neutras. Los elementos monocromos que configuran una especie de «tamgram» se derraman por la pared y el suelo, configurando un entramado modular de gran simplicidad formal y geométrica. Esta construcción articulada en diferentes planos introduce en el espacio una realidad silenciosa.
Y como señala en el catálogo Ángel Antonio Rodríguez, la artista afincada en Avilés «huye de la estridencia, del ruido, y se constata esa pasión por mimar cada pieza y homenajear el silencio contemplativo».

Los múltiples intereses de Teresa Monforte que le han conducido por la pintura, la fotografía y, últimamente, por reivindicaciones escultóricas, enriquecen una trayectoria que, sin el menor desaliento, más allá de la experimentación con los materiales, busca intensificar el discurso.

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