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Crítica

Antonio Alonso de la Torre García

Arte en Gijón

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La Sala Lai también vive y participa a través de su ventana de las fiestas de la Soledad que se celebran en su barrio de Cimavilla. A través de una muestra colectiva titulada “Fragmentos de soledad” se recrea la esencia de un viejo barrio pesquero moribundo, abandonado a su suerte y objeto en los últimos años de ignorantes experimentos revitalizadores. Los trabajos de artistas como Caso, Valle Baranda, Ernesto Coro, Jaime Rodríguez, Alfredo Colunga, Philip Jenkinson, Begoña Muñoz, Carmen Vázquez, etc. hablan de un lugar quebrado, primigenio, melancólico... Una muestra que conecta con el sentir de la poca gente que aún vive la verdad de su entorno.

La prensa comercial no comenta nada de esta sala humilde y experimental. Sin embargo en ella encontraron un atractivo espacio para mostrar sus primeras inquietudes artísticas jóvenes creadores que han ido poco a poco conquistando otros logros. Es difícil para el que comienza encontrar un sitio desinteresado, que arriesgue y mantenga un criterio que con los años se observa muy acertado. Aquí comenzó Caso, reciente premio de pintura del Certamen de Luarca, o pudimos observar las primeras instalaciones de Noé Baranda, Juanjo Pulgar o Amalia R. Ulman, que consiguieron, entre otros, el premio Astragal. También es habitual la presencia aquí de Nel Amaro, del que ahora se acuerda hasta la Laboral, en su intento por acercarse a la gente. La Sala Lai nació con otro concepto distinto a la Laboral, ya que sobrevive de modo sencillo, cercano y digno. Aportando sus pequeñas cosas sin estridencias.


Uno de los jóvenes fotógrafos presentes en la colectiva de la Sala Lai muestra una individual a pocos metros. Ernesto Coro Morán (Gijón, 1985) muestra hasta el día 26 de septiembre en la Fundación Alvargonzález varias series que presentan en común su carácter urbano, nocturno y solitario. Lugares que a unas horas están muy concurridos, presentan en otro momento una extraña sensación de vacío. Estaciones de metro, mercados, plazas, etc. no son rincones recogidos y tranquilos, no están concebidos para esto, sino para el tránsito y la accesibilidad. Por eso la ausencia de vida los llena de desamparo. Sensaciones parecidas recoge Ernesto en viejas casas abandonadas, que aún guardan restos de la vida que allí hubo hace tiempo.


La Galería de Arte Gema Llamazares continúa su interesante apuesta por mostrar obra reciente de veteranos artistas asturianos. En este caso es el gijonés Adolfo Bartholomé (1937) el que muestra su quehacer de los últimos diez años. Tanto la pintura como la escultura refleja la reflexión sobre la humanidad que caracteriza una obra muy ligada a las vivencias de la posguerra. El ser humano aparece como un ser perdido que forma parte de un grupo que se convierte en masa informe e incierta.


Tomás Vaquero (Madrid, 1975) expone en la galería Van Dyck, donde ya expuso anteriormente. Este joven que ya encontró su hueco en ARCO se desliga paso a paso de la influencia paterna y llega a una pintura más depurada y llena de energía en la que los rojos son sustituidos principalmente por azules y negros.


En Mediadvanced expone Pablo Iglesias una serie de fotografías en blanco y negro dentro del género de la poesía visual. Objetos imposibles, juegos y combinaciones que dan como resultados objetos sorprendentes e irónicos, etc. Prácticamente es lo mismo que lleva años realizando el premio nacional de fotografía Chema Madoz y que en las mismas fechas puede verse en el Museo Barjola.

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