AJIMEZ ARTE

Crítica

Javier Ávila

Hugo Fontela. “Revillagigedo star”

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Entras a las salas palaciegas y, parado ante una de las obras que cuelgan de sus muros, escuchas a otro visitante comentarle a otro: “este chico sabe pintar”. Inmediatamente piensas que la frase es un poco extraña, se supone que la invitación a ocupar por completo el palacio en una retrospectiva ( de un artista de 22 años ) de sus trabajos tendría que venir avalada por un indudable manejo del oficio, entonces por qué esa afirmación?, la duda te invade y sigues contemplando lo expuesto.
Te viene a la memoria los modos de hacer  de otros artistas de décadas pasadas, de la nueva figuración y así, pero inicias la subida a la planta superior y, de repente, elevas la vista a un cuadro inenarrable, digno del Barceló más torpe y dices “no puede ser”. Lees la cartela y descubres que pertenece a la Colección Masaveu. Ya un poco mosqueado decides leer todas las cartelas, los cuadros pertenecen todos a colecciones privadas, efectivamente el chico tiene mano pero empiezas a pensar que tampoco es para tanto, entonces por qué este despliegue?.
Pasas a una pequeña sala, una proyección de vídeo nos ofrece las opiniones y pensamientos del joven artista, se le ve desenvuelto y no para de hablar del privilegio que supone vivir en Nueva York, de la delicia del Museo Metropolitan, del privilegio, el privilegio y el privilegio, no es coña, la palabra se repite incansablemente. Quizás tengamos que pensar que el dato de la ciudad americana es importante, si vive allí, este joven debe de tener gran valía, es la única explicación que encuentro a que la entidad financiera apueste de este modo por un artista que en su día ganó un premio de prestigio cuestionable pero de gran dotación económica, artista que, con esa carta de presentación, ha sido elegido como la nueva estrella de la plástica regional, la gran esperanza donde depositar el futuro de nuestro panorama, así como la inversión económica dispuesta a ser revalorizada.
New York, New York, palabras que cantaba Sinatra y que suenan en nuestra memoria, que no olvidemos que este chico promete, así pues, pongamos en él nuestra esperanza y nuestros ahorros, convirtiéndole en gran artista de proyección imparable, pues los cuadros salidos de sus manos seguirán subiendo de valor, apuesta a caballo ganador, sobre todo si ponemos a su disposición los medios expositivos y mediáticos que nos aseguren que va a llegar donde se merece.
“Este chico pinta bien”, pero no es para tanto, tiene mano como otros muchos, pero ha sido tocado por la diosa fortuna en forma de coleccionistas inversores que cuidan mucho en quien confían su dinero.
En cuanto a la obra, pues poca cosa, bastante aburrida, alguna absolutamente demencial, metros cuadrados de tela para contar no mucho, y como decía un amigo: “creo que los azules no le salen muy bien, los marrones se le dan mejor”.

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