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Crítica

Jaime Luis Martín

Accidentes poéticos

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Publicado en La Nueva España
   

 Si Charles Baudelaire pudiese contemplar la obra de Benjamín Menéndez (Avilés, 1963) tal vez se viese obligado a modificar su célebre crítica titulada «Por qué es aburrida la escultura» y plantearse ¿a qué llamamos escultura? Las últimas propuestas de Menéndez se han caracterizado por un desplazamiento desde territorios objetuales a enunciados procesuales, desvelando el potencial de lo efímero como elemento expresivo e incorporando la dimensión temporal al proyecto.

Pero a pesar de esta conceptualización de su trabajo, el artista ha seguido manteniendo el oficio y la pasión por los materiales, pero reformulando su presencia en el espacio desde postulados idealistas, utópicos y arquitectónicos, como puede advertirse en la magnífica pieza, integrado en el entorno, «Escalera al interior de un río (2007)» situada en el puente de La Pandela del río Mojardín en Vegadeo.

Las esculturas de esta exposición habrá que entenderlas inmersas en estos antecedentes creativos, si bien en esta ocasión se ha producido una hibridación entre la instalación, los procesos y la materia. La lámina de barbotina sobre malla, suspendida mediante hilos del techo de la sala y realizada en el lugar, producto de un prolongado e intenso estudio del secado de pastas de porcelana, manifiesta la radicalidad de una intervención cuyo resultado -agrietamientos y variación del color- dependerá de las condiciones medioambientales, convirtiéndose en una alegoría de la fragilidad de la vida, del paso del tiempo.

En este mismo sentido, cabe entender, la intervención en el jardín de la galería Vértice, tres formas cuadrangulares realizadas con una fina capa de porcelana, tierra vegetal y semillas, una amalgama que se traducirá, cuando aflore la hierba, en una complicidad entre la naturaleza y la materia. Son obras inacabadas, enfrentadas a la perfección, próximas al despojamiento, que se relacionan con el paisaje como accidentes poéticos, dejando un breve, pero intenso, rastro en la memoria.

Sus trabajos pictóricos, con los que obtuvo el premio de la Junta General del Principado de Asturias (2003) y del Certamen Nacional de Arte de Luarca (2006), articulan una serie de composiciones con el color como protagonista de una mirada que revuelve en las vanguardias y se adscribe a retóricas geométricas. En esta ocasión siguen estando presentes los papeles de seda entintados, protagonistas de sus últimas aventuras pictóricas, que se extienden estratificados, como capas de memoria, por la superficie.

Estas visiones, sedimentos de paisajes y sentimientos, se resuelven cromáticamente en una fusión de púrpuras, rojos, naranjas, azules y amarillos, salpicados de destellos metálicos. El espacio se percibe fragmentado, acotado por formas rectangulares o cuadradas, un sutil ordenamiento que conviene a la elocuencia de la mancha, conteniendo sus tentativas expansivas. Esta tendencia por el orden se intensifica en los cuadros resueltos mediante cuadrículas, dameros cromáticos que privilegian el equilibrio y la esencia de la pintura.

Benjamín Menéndez nos obliga, en esta ocasión, a un recorrido por diferentes espacios, llevándonos desde la levedad de sus propuestas escultóricas hasta la revelación del color; asumiendo que, en estos tiempos de mudanza, al esplendor de lo pictórico le sucede, inevitablemente, la belleza de lo efímero.

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