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José Luis de Vicente

Ars Electronica. Experimentos creativos

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Públicado en El Cultural
 


Nacido con la vocación declarada de mirar siempre al futuro, casi tres décadas de pasado se acumulan ya bajo el nombre de Ars Electronica, el padre de los festivales de arte y tecnología. Cada primera semana de septiembre, la tercera ciudad de Austria, Linz, sigue reuniendo anualmente a tecnólogos, hackers, artistas, pensadores y CEOs de start ups tecnológicas llegados de todo el mundo para discutir cómo el pensamiento científico y el desarrollo tecnológico están transformando radicalmente el espacio cultural y artístico. Ars sigue siendo un interesante foro de ideas y un gran escaparate de proyectos sorprendentes y sofisticados, aunque cada vez resulte menos importante como generador de discursos nuevos. Quizás porque no se pueda cantar anualmente a una revolución y que siga sonando fresca, pero también porque los que participan aquí siguen hablando sobre lo mismo en blogs, foros y listas de correo.

La trayectoria de Ars Electronica está marcada por dos presencias. La primera fue la del artista y comisario Peter Weibel, director del ZKM de Karlsruhe y comisario de la próxima Bienal de Sevilla. Weibel, una de las voces fundacionales del pensamiento sobre la relación entre arte y tecnología, dirigió el festival entre 1986 y 1995, el periodo en que se produjo la primera explosión de la cultura digital. Pero el proyecto hoy es, sobre todo, hijo de Gerfried Stocker, un joven artista austriaco que dirije la organización desde el 96. Su legado será haber transformado lo que era sólo un evento de siete días y unos premios en una gran estructura que genera actividad permanente y ha convertido a Linz en la capital del media art. Al festival se ha sumado un centro de investigación y producción, el Futurelab, el instituto Ludwig Boltzmann de investigación académica, y por supuesto su “museo del futuro”, el Ars Electronica Center, que tras doce años de vida está aprovechando la próxima capitalidad europea de la cultura de Linz para inaugurar en el 2009 una nueva sede que duplicará su espacio.

La mayor virtud de Ars Electronica es seguir fiel a su intención de ser un festival sobre el diálogo entre el arte, la ciencia, la tecnología y la sociedad, lo que quiere decir que la presencia de los discursos del arte no es la dominante. El perfil de los participantes es radicalmente intedisciplinar, y sus premios Golden Nica, los más importantes en su categoría, han sido pioneros en reconocer proyectos que no tenían una intención artística declarada pero cuyo impacto cultural ha sido innegable, como el sistema operativo de código abierto Linux, o la gran enciclopedia global libre, Wikipedia.

La lista de temas que el festival ha abordado desde sus inicios es un reflejo de cómo ha evolucionado la manera en que contemplamos el impacto cultural de la tecnología. De los discursos de lo virtual a las posibilidades de la sociedad red, pasando por los temores que despiertan las biotecnologías o las amenazas de los sistemas de vigilancia y el control. En 2008, el festival propone empezar a pensar claramente, y sin rodeos, en un nuevo modelo de economía cultural, que reconozca que la estructura vigente de propiedad intelectual y derechos de autor es difícilmente sostenible tras siete u ocho años en que la red ha cambiado radicalmente la sociología de uso de los productos culturales. De esta manera, el festival ha convertido la plaza central de Linz en un gran “disco duro” lleno de datos que todo el mundo es libre de copiar y llevarse consigo. Todos ellos, eso sí, licenciados bajo sistemas alternativos de propiedad intelectual que permiten su circulación libre y también su modificación creativa.

Dotar a los artistas de herramientas de creación que también sean libremente modificables y se puedan mejorar es otro de los objetivos recientes que la comunidad digital ha perseguido, decidida a no estar obligada a depender de las grandes multinacionales del software para explorar nuevas direcciones estéticas. Una de estas nuevas herramientas libres, Open Frameworks, ha reunido a muchos de los mejores artistas del código informático en un taller que realizaba proyectos artísticos a medida a petición de los visitantes, en un gran experimento creativo y de sociabilidad.

Más españoles que nunca
En la comunidad nacional del new media hay una cierta sensación de que estamos en un momento especial, y quizá Ars Electronica la confirme. Ninguna edición anterior del festival ha concedido un papel tan visible a artistas españoles. En el hall de la Brucknerhaus, corazón del evento, el colectivo Platoniq ha instalado su Banco Común de Conocimiento –un espacio de intercambio donde cualquiera puede ofrecer y solicitar habilidades e información–. Los columpios con sensores de Diego Díaz y Clara Boj ocupan una de las principales plazas de la ciudad y se llenan de niños cada mediodía; el objetivo es trasladar la dinámica de los juegos interactivos al espacio público. Uno de los protagonistas es Sergi Jordá y su equipo, premiado con el Golden Nica de Músicas Digitales por su famoso sintetizador táctil Reactable (en la imagen). El palmarés incluye menciones a las esculturas aumentadas de Pablo Valbuena y el proyecto Levelhead de Julian Oliver.

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