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Crítica

Imagen

Jaime Luis Martín

El compromiso con las metáforas

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Publicado en La Nueva España

David Martinez
“Tout va bien” (toda va bien). Instalación
Del 7 al 31 de Marzo
Casa Municipal de Cultura de Avilés


No se trata de una sensación, realmente ya no vemos, nos hemos quedado atrapados en la ciénaga de imágenes contemporáneas y tenemos los ojos saturados, empachados visualmente. Tal vez por eso David Martínez (La Huería; El Entrego, 1984), licenciado en Bellas Artes por la Universidad del País Vaco, busque una salida a la ceguera mirando hacia Godard, el cineasta francés director de «Tout va bien», película que narra los inicios de los años setenta en Francia a través de las voces de la patronal, el partido comunista y los perdedores de siempre, aquellos que se encuentran fuera de juego. Pero sobre todo, el film explora, desde la izquierda, cuando ya sólo quedaban residuos desencantados de la revolución proletaria, nuevas formas de expresarse, abriendo rutas a través de la confusa realidad.

David Martínez reivindica en esta muestra aquellas preguntas formuladas por Godard que siguen vigentes después de cuatro décadas. ¿Cómo revalorizar la imagen?, ¿cómo generar nuevas formas y nuevos contenidos?, ¿qué queremos comunicar?, ¿qué tenemos que comunicar?, ¿qué entendemos por comunicación?
A estos interrogantes responde David con una obra abierta y flexible, una serie de collages concebidos como dispositivos de resistencia frente a la vacua retórica artística, porque «las imágenes -afirma el artista en «Papeles Plástica»- no necesitan un reconocimiento, sino una construcción».

Conviene tener presente que vivimos en una cultura narcisista, que igual se atiborra de anabolizantes para potenciar el músculo que queda fascinada por las operaciones de estética en un intento desesperado por conseguir la belleza y prolongar la juventud. En este sentido, David recicla imágenes de culturistas, modelos y actrices que junto con recortes de prensa configuran una trama de residuos, signos de la abundancia que nos arrastran hacia un cinismo desencantado.

Estas estrategias utilizan restos sociales e individuales para elaborar un conjunto perfectamente estructurado que remite a las primeras vanguardias y se actualiza mediante el empleo de viejos códigos que remezclados producen nuevos significados, como esos rostros que el artista compone con fragmentos, que remiten, con la mueca vacía y a punto de descomponerse, a los despojos que configuran el semblante contemporáneo.

Por otra parte, construye una potente pieza realizada con metal, madera y neón, con reminiscencias de Txomin Badiola, que sirve de refugio a la imagen. Este producto híbrido, un accidente escultórico que altera el espacio expositivo y prolonga las insinuaciones de los collages, consigue sugerir antes que definir, jugando con la ambigüedad de la estructura y su proximidad, también, a lo arquitectónico.

En la obra de David Martínez conviven diversos conceptos y un ánimo meditativo que se traduce en la complejidad de sus propuestas, siempre abiertas para dejar sitio al espectador, al que se le exige un esfuerzo interpretativo. A cambio, Martínez nos entrega un soplo poético, el compromiso con las metáforas.

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