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Crítica

Jaime Luis Martín

Las mujeres de Aurelio

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Publicado en La Nueva España

Aurelio Suárez
La mujer. El aurelianismo
Del 27 de Junio al 7 de Septiembre
Centro de Escultura de Candás “Museo Antón”

Cuando se habla de un pintor asturiano extraño, capaz de poner condiciones caprichosas para la compraventa de sus cuadros, un personaje huraño que decidió en un momento de su vida no conocer a más gente de la que habitualmente trataba, un artista raro que firmaba con su nombre invertido siempre acompañado del trazo de un pez y empleaba el mismo tamaño en todos los cuadros para facilitar su transporte en una maleta; cuando se habla de un creador con un mundo propio y original que tomaba todo tipo de precauciones para evitar las falsificaciones de su obra, sólo cabe pensar en Aurelio Suárez (Gijón, 1910-2003), a quien Villa Pastur definió como «el más importante pintor surrealista español de todos los tiempos».

Si en aquella plúmbea España franquista que le tocó vivir apenas había espacio para la imaginación y los sueños, en provincias cualquier desvío de lo canónico te situaba fuera de escena, como un neurótico extravagante, y, sin embargo, tuvo la valentía de salirse de la norma y explorar nuevos caminos estéticos. Por eso resulta tan interesante su trayectoria, un oasis de color e irrealidad cuando todo a su alrededor era funestamente gris, tenebrosamente real. Aunque a mediados de la década de los cuarenta rebrotan algunas semillas surrealistas que cultivan, como una rareza incomprendida, los poetas Carlos Edmundo de Ory, Miguel Labordeta y Eduardo Chicharro, que, junto con grupos artísticos como «Dau al Set», sugieren otro modo de mirar, al que se uniría el pintor gijonés, que, en repetidas ocasiones, manifestó su admiración por los «catalanes», que no eran otros que Ponç, Tarrats, Tàpies y Brossa.

Si bien el surrealismo de Aurelio Suárez se encuentra «profundamente anclado -como señala Carlos Santullano- en la estructura anímica de este artista desde su juventud, y asumido por él, aunque desde una posición de partida culturalmente marginal y geográficamente periférica», participa de muchas de las ideas del psicoanálisis, compartiendo el poder expresivo de los sueños y la pulsión de la muerte, y alejándose, en su control del detalle, en su negación de las casualidades, de la pureza surrealista que propugnaba el automatismo psíquico sin la intervención de la razón.

En este mundo onírico, la mujer se encuentra presente en todas sus etapas pictóricas como una pieza esencial de sus tensiones creativas. Mujeres que desde sus primeras obras «aparecen mostrando -apunta Alfonso Palacio en el texto del catálogo- una androginia que será una constante de muchas de las visiones que de la mujer proporcione este artista a lo largo de su vida». El universo femenino de Aurelio Suárez rebosa, en ocasiones, una sexualidad enfermiza, fría e impersonal, carente de erotismo. En otros momentos rastrea lo monstruoso, convirtiendo a la mujer en un ser híbrido, mitad animal, mitad persona, o alude a lo íntimo en escenas cotidianas que exploran los papeles femeninos tradicionales. El resultado es una figuración que parte del geometrismo para llegar a escenografías surrealistas, jugando entre la tradición y la vanguardia, un campo indefinido en el que se sentía cómodo.

Esta muestra se une a serie de individuales que desde el fallecimiento del artista han venido sucediéndose, descubriéndonos distintas temáticas de su obra, el mundo complejo de un pintor raro y solitario que se negó a exponer a partir de los años setenta y regresa en este siglo como un creador de singular atractivo.

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