AJIMEZ ARTE

Crítica

José Manuel Costa

Juego interactivo

0 comentarios


Publicado en ABC  
 
Banquete_nodos y redes
Laboral. Gijón
Organizan. SACEX, Fundación Telefónica y Laboral
Hasta el 3 de Noviembre

Debe haber buenas razones para que en la inauguración de Banquete, en la LABoral de Gijón, lo primero en llamar la atención fuera la chavalería que evolucionaba entre los trabajos (que no obras, ¡cuidado!) expuestos en esos enormes espacios. Además de curioso y revelador de nuevos comportamientos socio-familiares, el espectáculo de los niños corriendo y utilizando arte en un museo, resultaba significativo.

Banquete es una exposición de arte digital, a falta de mejor término, y aún teniendo en cuenta que algunos trabajos eran bastante analógicos. De arte digital español actual, para más señas. Tras su estancia en estas salas, Banquete emigrará al templo mundial de este tipo de cosas: el ZKM de Karlsruhe. Es un fino detalle que Seacex, la agencia estatal de promoción de nuestra cultura, sea capaz de apostar por lo emergente y no sólo por lo ya establecido. Si se tiene en cuenta que además de Banquete irá a Karlsruhe El discreto encanto de la tecnología, por una vez las últimas prácticas artísticas españolas tendrán un reflejo decente en el momento y lugar adecuados.

Pero regresemos a los niños. De toda la vida, arte es «aquello que no se toca». Ni física, ni quizás intelectual o emotivamente. Pero, día a día, esta concepción va saltando por los aires. Y es que una buena parte de la producción actual, incluida la presente, utiliza la interactividad compleja propia de lo digital. Es decir, debe ser tocada simplemente para ser. Y no solo eso: la gracia es que sea entendida.

Vocación didáctica. Mientras en épocas pasadas parecía casi de mal gusto explicar las obras, ahora muchas grandes exposiciones manifiestan una clara vocación didáctica. Puede ser tan directa como la propuesta por Publio Pérez Prieto y Marta Gonzalo, con unos pupitres dotados de monitores que plantean alternativas a la educación tradicional. O tan básica como el empeño de la organizadora Karin Ohlenschläger de disponer cartelas que explican tanto la técnica como la intención de cada pieza. Tampoco hace falta escribir un tratado, sino de entreabrir puertas, de la misma forma que el arte digital se presenta abierto al usuario, reclama una forma de trabajo muy alejada de la autoría unipersonal. Aquí la mitad de los trabajos proviene de grupos y colectivos. Esa idea de la autoría única se ve cuestionada aún más por el hecho de que una buena parte de los materiales brutos están tomados de Internet, como en el caso de las fotografías de Joan Fontcuberta, realizadas partiendo de imágenes buscadas en Google, o de NeokinokTV, donde el material de base proviene de los adolescentes de un barrio de Bahia. Una de las virtudes de lo emergente es que las taxonomías aún no han cristalizado, de modo que cada exposición puede (y de hecho suele) utilizar criterios muy diferentes en la selección, disposición y enfoque del tema general. En Banquete, el acento se pone en las relaciones, algo inherente a las artes digitales, de suyo conectadas y poco dadas (todavía) a lo autorreferencial. Estas divisiones se presentan como las conexiones emergentes entre espacios físicos y digitales, la relación entre dinámicas urbanas y sociales, las redes informacionales o las conexiones entre Biosfera e Infoesfera. Ya se ve, escasa insistencia en el formalismo o los desarrollos técnicos. Dichos temas se han dispuesto en recorridos señalados con líneas de colores en el suelo, que dan fe del cariño mostrado por unos arquitectos obligados a lidiar con unos espacios elefantiásicos, raros e imposibles.

Más de treinta. Enumerar todo lo presente carece de sentido, ya que hablamos de 30 artistas. Pero si puede destacarse de nuevo la impresionante capacidad como performer de Marcel-li Antúnez (aquí en vídeo); el inagotable entusiasmo de Evru (antes Zush), invitando al espectador a realizar su propia obra allí mismo; el trabajo de Clara Boj y Diego Díaz, que mostraba cómo los gijoneses son muy confiados con sus conexiones inalámbricas (31 abiertas frente a 42 seguras en un momento dado); el juego con la información de Concha Jerez y José Iges; las secuencias lumínicas-cromosomas que instala Pablo Armesto; las luciérnagas eléctricas de José Manuel Berenguer; el robot de Ricardo Iglesias o los de Raquel Aparicio y José Manuel Moreno; el banco común de conocimientos de Platoniq?

Había bastante y bastante bueno, y los niños se acercaban sin miedo, entendiendo que, al berrear en unos micrófonos, se ponían en marcha los focos robóticos dispuestos por el Laboratorio de Luz. Ahí seguirán, usando el arte.

 

Volver

Comentarios

No hay comentarios a esta critica

Si lo deseas, puedes enviar un comentario a critica:

Envía esta referencia