AJIMEZ ARTE

Crítica

Luis Feás Costilla

Galaniana: paisajes reducidos

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Publicado en La Voz de Asturias

Corotiana. Paisajes de Miguel Galano.
Museo de Bellas Artes de Asturias, calle Santa Ana, 1 (Oviedo). Martes a sábado, de 11 a 13.30 y de 17 a 21 horas. Domingos y festivos, de 12 a 14 horas.
Hasta 15 de junio.


Camille Corot y Miguel Galano ejemplifican magistralmente la evolución del arte en los dos últimos siglos. El talento francés (París, 1796-1875) muestra la lucha de los pintores de su época por liberarse de los estrechos límites académicos. Lo hicieron incrementado los elementos de representación, en dos sentidos: en primer lugar, una ampliación de los motivos, que hizo que, por ejemplo, se acabara considerando al paisaje como un género en sí mismo, frente a quienes pensaban que era un simple telón de fondo de escenas históricas o religiosas del primer plano, supuestamente mucho más importantes y trascendentes; en segundo lugar, un enriquecimiento de los medios, experimentando con nuevas técnicas y nuevos materiales ajenos a los tradicionales. En sus primeros años de aprendizaje, Corot utilizó los esquemas constructivos para revolucionarlos, como pintor de genio que era, pero fue sobre todo a partir de su madurez, con los conocimientos de décadas de trabajo perfectamente interiorizados, cuando se liberó realmente de toda atadura, soltó su mano y aplicó espontáneamente su pintura, consiguiendo momentos de gran lirismo como en el cuadro El Parque de los Leones en Port-Marly (1872), del Museo Thyssen de Madrid, ahora expuesto en el Museo de Bellas Artes de Asturias como complemento de la exposición de Galano.
Por su parte, el pintor asturiano, nacido en Tapia de Casariego en 1956, muestra ejemplarmente el proceso contrario, derivado de los más inmediatos seguidores de Corot, los impresionistas y postimpresionistas, quienes, dando una vuelta de tuerca a sus aportaciones, introdujeron un método que significaba una serie de reducciones, limitaciones y simplificaciones, como indicó en su momento Arnold Hauser. Conocido sobre todo como paisajista y retratista, lo que automáticamente le convierte en un raro en los tiempos actuales, Galano no aprovecha esta rareza para enfrentarse al reduccionismo moderno y dedica casi todo su gran talento a empobrecer cada vez más su pintura en color, empaste y dibujo, lo que le enfrenta con el propio Corot, al que sin embargo no duda en homenajear en esta exposición tan intensa como arriesgada, llena de búsquedas y contradicciones.
El arte como problema
El impresionismo, surgido en el último cuarto del siglo XIX, inmediatamente después del fallecimiento de Corot, es, con palabras de José Moreno Galván, “el replanteamiento del arte como problema en vez de como solución”, en un momento en el que el acercamiento a la realidad empezaba a ser problemático. Según Hauser, “todo el arte anterior es resultado de una síntesis, mientras el impresionismo lo es de un análisis”, en el que los problemas de la pintura son concebidos como lenguaje y no sólo en términos de estilo. La intención era comenzar a pintar con la inteligencia, no desde las emociones, y los artistas han adoptado desde entonces una actitud analítica que desplaza los procedimientos del plano expresivo o representativo a un plano reflexivo de orden metalingüístico, empeñándose en un discurso sobre el arte en el mismo momento en que se hace arte.
    Es evidente que para Miguel Galano la pintura es un problema más que una solución, lo que le ha causado, como a tantos compañeros de generación, no pocos trastornos y tensiones. Obsesionado por superar el estilo mediante la depuración del lenguaje, su férreo esquema no le ha impedido representar el paisaje norteño desde la perspectiva más tópica y pintoresca, de cielos grises y lluviosos, puesto que a él lo que le preocupa no es tanto el qué como el cómo y este último obedece más a una imagen mental que a otra sacada de la realidad inmediata. Intentando ver sus relaciones con la pintura de Corot, más allá de explícitos guiños como los que contiene esta exposición, conforme al éxito de Plasencia en 2004, se podría decir que tienen que ver sobre todo con sus tardíos Souvenirs, en los que el pintor parisino evocaba desde el estudio los recuerdos de los paisajes que había conocido, sin necesidad ya de enfrentarse con el original. En sus múltiples facetas, Corot, maestro de la pintura directa y al aire libre, acabó convirtiéndose en el modelo de pintores postimpresionistas como Galano, encerrados en sus jaulas creativas, bajo la luz artificial, aislados del mundo si no es a través de una elaborada y voluntariosa mediación intelectual, que sólo en sus mejores ejemplos transmite verdadera emoción artística.

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