AJIMEZ ARTE

Crítica

Antonio Alonso de la Torre García

Desmemorias

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Juan José Pulgar

Centro de Cultura Antiguo Instituto. Gijón.
Del 20 de mayo al 15 de junio.

La doble formación de Juan José Pulgar como historiador y como fotógrafo se combina perfectamente en su faceta creativa. Así pudo verse en otras exposiciones anteriores que, como la presente, giraban en torno a la idea de vidas humanas que parecía que jamás habían existido, que no habían llegado a ser ni a estar en el mundo. Para la presente ocasión el fotógrafo trasladó su atención a lugares muy poco inocentes en su pasado y completó un paciente trabajo pleno de cargas simbólicas y emotivas, que van desde las conversaciones con los vecinos de esos lugares hasta el uso del hierro en la enmarcación final. Se trata de doce intervenciones, realizadas cada una en un mes diferente del año 2005, que tienen como escenario espacios de Asturias que una vez fueron campo de batalla.

El rigor de investigador llevó al fotógrafo a ser inflexible con la selección del lugar concreto e incluso con la fecha del acontecimiento, renunciando así a efectismos que habrían alterado la situación real del espacio tras el paso del tiempo. Las imágenes muestran los terrenos en los que, en ese mismo día, hace “x” años, unos hombres se mataban sin conocerse, sin saber tan siquiera dónde estaban ni por qué lo hacían. Para dignificar a estos seres anónimos y condenar los hechos Juanjo llevó a cabo una primera fase en la que fotografió en blanco y negro una serie de lápidas funerarias obtenidas en cementerios actuales. En ellas tampoco quedaba rastro de la memoria de quien allí yacía. En  la fecha elegida, en el aniversario de la batalla, realizó la intervención sobre el espacio. Ese día era mayor la resonancia emotiva del hecho. Como si de una acción se tratara distribuía las lápidas por el antiguo campo de batalla según las exigencias del entorno, según el número de bajas allí registrado, y según la intuición que sugería el momento. En la imagen definitiva, el contraste entre el blanco y negro de las lápidas y el color del paisaje acentúa la sensación de irrealidad y sirve de enlace entre dos momentos distintos. Se mezcla la densa calma después de la batalla y el injusto olvido que llegó con el tiempo.

Desmemorias busca remover la inquietud del lugar haciendo cercano lo remoto, pero de manera que lo que se reivindique sea la espiritualidad del lugar. Al rememorar el acontecimiento desde la distancia resuenan los nombres imaginarios de los que allí cayeron. Las fotografías en ningún momento expresan el horror o el impacto visual de un cadáver. Se trata de algo más sosegado, porque la crueldad impediría una reflexión serena sobre lo sucedido. Lo que interesa es el recuerdo, la advertencia, la denuncia y la meditación.

El trabajo de Juanjo Pulgar no es fácil  de definir porque se convierte en aliado de diversas disciplinas. Oscila entre una especie de arqueología de la memoria, porque no dejan de ser fotografías de viajes en el tiempo, y unas intervenciones en el paisaje no lejanas al land-art, sin olvidar la investigación histórica que incluye documentar un acontecimiento y un entorno. El objetivo es tender puentes entre el pasado y la actualidad. La historia filtra los hechos según diversos intereses y hay sucesos trágicos que se deshacen lentamente en el tiempo hasta desaparecer del todo. Con el paso de los años las muertes en la batalla se convierten en cifras que hay que rebuscar en papeles que no mencionan su sinsentido. Nada más quedan partes de guerra que hablan de “asaltos a bayoneta calada”, “arrojados al río”, “barridos por la artillería” y otros términos similares que engloban a los de uno y otro bando, sin distinción. Se trata una vez más del olvido preventivo que surge en la mente de los que no sufren la violencia de forma directa. La colectividad construye la idea de que el suelo que pisa siempre ha sido así, que allí nunca ha pasado nada desagradable o violento. Estos espacios se encuentran hoy completamente desasociados del cruento suceso que albergaron. Pero si no estuvimos allí en el momento trágico fue por el capricho de una fecha y un lugar de nacimiento. El tiempo que nos toca vivir es algo incontrolable. Pudimos ser nosotros. Podríamos serlo en el futuro.

Los escenarios de los trípticos discurren por la geografía asturiana, una comunidad en la que la amnesia histórica está muy presente. La muerte sirve también como símbolo de esa invisibilidad, pero no hay afán de centrar la atención en un lugar determinado, porque lo que aquí se cuenta puede generalizarse a cualquier localización geográfica. Las trágicas secuelas de la guerra se repiten de forma mimética aunque varíen tiempo y lugar.

En este trabajo Juanjo Pulgar reproduce ese infierno de Dante en el cual el alma desciende un nivel tras otro en lenta peregrinación. El recorrido mes a mes por estas doce batallas es también un proceso íntimo que busca la transformación interior como paso previo y necesario para cambiar lo externo. Porque, en definitiva, Desmemorias no es más que una reflexión sobre la condición humana y una llamada de atención a la sociedad. Porque aún hoy continúa siendo así.

 

 

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