AJIMEZ ARTE

Crítica

Luis Feás Costilla

A la luz de la luna

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Publicado en La Voz de Asturias

Luz de plata.José Arias. Galería Cornión, calle La Merced, 45 (Gijón). Lunes a viernes, de 10 a 13.30 y de 16 a 20 horas. Sábados, de 10 a 13.30 horas.

Hasta el 6 de mayo.

 

José Arias ilumina sus nuevas pinturas con luz de plata. Autor de paisajes abstraídos, elaborados desde la pintura de acción, con vertidos de acrílico que velan toda la superficie del soporte, siempre madera, en los últimos años ha vuelto a introducir el pincel, que había abandonado primero por la mano directa, huella de artista, y después por la lija, con la que retira lo que quiere y no le interesa, quitando más que poniendo, si bien en los celajes ya había vuelto a incorporar pintura. El vertido es como el mar, que se expande y se encoge, y no era raro que quedara algo del tablero sin pintar, dejando ver la veta de la madera, pero ahora ya no, toda la superficie se cubre sin resquicios, primero con un ocre, un gris o un azul, y luego con la veladura de plata, que es el color de la luna, gobernanta de los océanos y de las mareas.
 Porque eso es lo que pinta José Arias, costas ideales en las horas de luz más romántica, como la noche cerrada, cuando pintaba en negro, o cuando aparece por fin en el firmamento la diosa selénica, como ahora que utiliza la pintura argéntea. Entre todos los temas posibles que podrían aparecer por casualidad entre los vertidos acrílicos, suele escoger uno prototípico, el de las múltiples variantes del mar y de la playa, algo que no es de extrañar en un pintor de Gijón y aficionado a la pesca. Los encuentros y desencuentros del agua y de la arena, la erosión y el sedimento, el cielo que lo repite todo como un espejo, son los temas más frecuentes pero no únicos de su pintura, toda vez que empiezan a aparecer nuevos motivos telúricos como el bosque primigenio, el roble que sirve de refugio a la urraca, los paseos y las alamedas, normales en un artista activo al que también le gusta patear los campos y los collados, en busca de setas. Todo de lo que uno se alimenta se transpira y se excreta, y la sinceridad con la que trabaja José Arias se traduce en unas obras serenas, cada vez más bellas, en las que deja a la improvisación y al azar sólo la técnica, mientras que lo demás es fruto de un oficio que dura ya treinta años y de una vida que ha rebasado las setecientas lunas a las que aullar.

 

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