AJIMEZ ARTE

Crítica

Miguel Cereceda

Entrar por los ojos

0 comentarios


Publicado en ABC
Light Works
Galería Astarté. Madrid
C/Monte Esquinza,8
Hasta el 28 de Mayo

La experimentación formal con la luz y el color tiene sus antecedentes fundamentales en el neoplasticismo de Mondrian y Van Doesburg, y en la manipulación fotográfica y mecánica de Moholy-Nagy en la Bauhaus. Pero, mientras que los padres de la abstracción parecían muy interesados por el contenido espiritual de su renovación estética, los trabajos de Moholy-Nagy se insertaban dentro de una tradición constructivista de vago compromiso político. Sea como fuere, la herencia que dejaron fue la de un puro formalismo que vació al arte casi por completo de todos sus contenidos. Mondrian en pintura y Moholy-Nagy en escultura (sobre todo con su Modulador y su Juego de luces, de 1930) desarrollaron un formalismo estético a base de combinaciones de líneas geométricas, colores puros y luz que había de impulsar el arte a posibilidades ilimitadas de experimentación visual. De modo que, contra los pretenciosos manifiestos de Kandinsky sobre lo espiritual en el arte, estos contenidos desaparecieron casi por completo frente a una primacía pura de lo visual.

Pura forma. Carlos Coronas trabaja dentro de esta tradición de una pintura y una escultura puramente formalizadas. Frente a una composición cromática, luminosa y espacial, los contenidos metafóricos, espirituales o simbólicos de su trabajo apenas le interesan. Se sirve de elementos compositivos clásicos, como la forma, la geometría y el color, y compone con ellos espectaculares y seductoras construcciones que se despliegan en el espacio. En su trabajo, los principios compositivos y cromáticos de Mondrian y de Kandinsky suponen el punto de partida. De hecho, todas sus construcciones tienen un origen puramente pictórico. Pero también sus despliegues en el espacio tienen que ver con los moduladores de luz y espacio que Moholy-Nagy construyó hacia 1930.

Sin embargo, Carlos Coronas comenzó su andadura partiendo de composiciones cromáticas elementales sobre papel con una fuerte influencia de la pintura expresionista de Rothko, junto con construcciones en madera que, sin vocación escultórica, se presentaban como marcos, círculos o cuadrados, aislados del espacio. La afortunada combinación y reiteración sistemática de ambas inquietudes formales, una junto a otra, terminó generando composiciones interesantes de inequívoco origen pictórico, pero de clara vocación tridimensional. Cuando finalmente añadió a sus meditaciones el elemento externo de la luz, sus composiciones alcanzaron un lenguaje personal y propio de gran efectividad con el que el artista ha desarrollado instalaciones espectaculares, tanto en Avilés, en la Escuela Superior de Arte de Asturias, como en Gijón, en el Museo Barjola y en La Laboral.

Se suele atribuir a Dan Flavin la utilización de los tubos de neón en el arte, como si éste fuese una influencia ineludible en el trabajo de Coronas. Pero, como con razón señala el artista, Flavin no utiliza neones, sino fluorescentes. Y no sólo su lenguaje formal es completamente diferente, sino también el sentido de su obra. Es en realidad Mario Merz, en una estética povera, el primero que introdujo propiamente los neones en sus trabajos. Por eso, Coronas gusta de matizar el tipo de gas lumínico que se utiliza en cada una de sus instalaciones. No es lo mismo el flúor que el neón o que el argón. Cada uno de ellos tiene propiedades lumínicas diferentes.

Una clara referencia. Y tampoco su estética tiene nada que ver con el povera, ni con las instalaciones de Merz, sino que, aunque sus montajes se desarrollan en el espacio, tienen un origen claramente pictoricista, y en ellos nunca termina de abandonarse esa clara referencia a la pintura. Pintura tridimensional, sin duda, pintura en el espacio, pero pintura al fin y al cabo, en la que se ha abandonado por completo su doble exigencia original: la de pigmento y superficie. A pesar de que en la mayor parte de sus trabajos todavía son muy importantes las superficies geométricas de color pintadas sobre la pared, sobre la que se despliegan los tubos de neón con sus cables y sus transformadores, tampoco éstas son finalmente verdaderas pinturas, sino tan sólo vinilos de colores, recortados en formas geométrica y adheridos sobre la pared. Por eso, Carlos Coronas era uno de los artistas clave en aquella interesante exposición comisariada por Javier Hernando sobre la abstracción postpictórica española que se llamó Pintura sin pintura.

 

Volver

Comentarios

No hay comentarios a esta critica

Si lo deseas, puedes enviar un comentario a critica:

Envía esta referencia