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José Marin Medina

Carlos Coronas, magia de luz

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Publicado en El Cultural
Light Works
Galería Astarté. Monte Esquinza, 8. Madrid. Hasta el 28 de mayo. De 2.600 a 24.000 E.

¿Sigue perteneciendo el comienzo de este nuevo siglo al tiempo estético de "la constructividad", como lo fue buena parte de la pasada centuria, desde el constructivismo ruso hasta el neo-geo neoyorquino, pasando por la difusión global del minimal? Resulta difícil afirmarlo, sin poder negarlo con rotundidad. En todo caso el hilo de esa Ariadna constructiva y geométrica no parece interrumpirse, sino que se alarga a través de nuevos y dispersos cultivadores, apoyado quizás por la pujanza del diseño industrial, por las alternativas que brindan los materiales y medios tecnológicos, y por la producción continuada de estructuras e instalaciones esculto-arquitectónicas. Hace reflexionar sobre ello una exposición como ésta, que presenta individualmente por primera vez en Madrid el trabajo del asturiano Carlos Coronas (Avilés, 1964), quien se está dando a conocer en estos últimos años por medio de sus instalaciones de luz, proyectos site-specific realizados en el Palacio de Camposagrado de Avilés, en el Museo Barjola y en la LABoral de Gijón, en La Ciudadela de Pamplona y en el Puente del Ayuntamiento de Vegadeo. También para esta exposición ha diseñado una de esas instalaciones específicas que, quizás por problemas de ajuste de escala y por el exceso de sus efectos y reflejos, resulta aquí menos interesante que el conjunto de sus obras murales, tan esmeradas y puras.

A estas piezas "de pared" Coronas las considera pinturas, y efectivamente lo son, al desarrollarse como "composiciones de luz de color" dispuestas sobre planos de vinilo que se colocan directamente sobre el muro, dibujándose sus formas con tubos de neón y argón, diseño que completan los propios soportes y el cableado de acero de su estructura, e incluso el transformador y los cables eléctricos que conectan la pieza con la red. Ese gusto por exhibir los poderes del material industrial remiten a la poética de Dan Flavin, centrada en la busca de un modelo alternativo de imagen que resulte "decididamente material, pero también descarnadamente espiritual". Es lo mismo que busca Coronas, y lo logra en piezas tan controladas y escuetas como las Nº 19, Nº 14 y Nº 16 de la serie Light Works, en que el refinamiento y la seducción de sus sensaciones físicas no estorba que se produzca en ellas una presencia mágica, reflexiva e inquietadora.

Otro referente aquí relevante es el de los relieves de Tatlin, cuya obsesión por el espacio real como problema vital de la obra de arte constituye una clave determinante en el proceso de la modernidad. En las piezas "menos construidas" -como las Nº 21 y Nº 12- de este ciclo de Coronas se advierte cierta tendencia a conducir la obra desde los dominios de lo pictórico a los terrenos de la "cultura de los materiales", en la que el artista se asume como diseñador de útiles para la sociedad (en este caso, renunciando al "cuadro" para encontrar la "lámpara" o "punto de luz"). Claro que el idealismo estético que este conjunto de obras respira y declara, o sea, su vocación de "arte puro", termina por constituirse en registro dominante, reafirmando que el modelo de Coronas, siendo materialista en la articulación de las piezas y en el emplazamiento de la obra, se reafirma idealista en la forma, haciendo del logro del experimento formal el centro de sus dianas más exactas.

 

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