AJIMEZ ARTE

Crítica

Luis Feás Costilla

La barca sin pescador

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Alicia Jiménez. Del limo.
Centro de Escultura de Candás Museo Antón, plaza del Cueto s/n (Candás). Martes a viernes, de 17.30 a 19.30 horas. Sábados y festivos, de 12 a 14 y de 17.30 a 19.30 horas.
30 de marzo.

El limo, el viento y el salitre ya han mordido la barca que Alicia Jiménez ha instalado en las inmediaciones del faro de Candás, con motivo de la concesión de la beca 2006 del Centro de Escultura Museo Antón. Resulta poderosamente llamativo que, estando tan escasamente dotada como está, con apenas seis mil euros, la beca haya conseguido obtener, a lo largo de las sucesivas convocatorias realizadas en estos últimos años, un patrimonio cultural tan relevante para el citado puerto asturiano, materializado en un espléndido (y poco divulgado) parque escultórico, situado en el cerro de San Antonio, con obra de varios de los principales artistas asturianos actuales expandida por una singular atalaya natural de laderas y precipicios, al borde del mar.
Otra cosa es que, con tan escaso presupuesto, se pretenda que ese patrimonio sea duradero y no efímero, algo que si se está consiguiendo es debido a la generosidad de los becados, como Alicia Jiménez, cuya barca contrachapada en cobre ha aguantado por ahora los envites atmosféricos, pero, pensada como está más como instalación que como escultura, sobre un montón de cantos rodados y un lecho de tierra esparcida, no es extraño que la lluvia haya acabado formando a su alrededor trampas de lodo y cieno, plenamente conformes con los planteamientos de esta inquieta artista gijonesa, atraída por los secretos alquímicos de la materia primigenia.
Licenciada en Bellas Artes por la Universidad del País Vasco, con estudios de postgrado en vídeo y arte digital en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y de doctorado en la Universidad de Granada, su trabajo con instalaciones le ha hecho acreedora del Premio Astragal o de becas tan ambicionadas como “Al Norte” o la referida del Museo Antón, que ha aprovechado la coyuntura para organizarle una exposición paralela compuesta por una videoproyección en loop y varios montajes objetuales, en los que predominan materiales industriales reutilizados y neones con apariencia de resistencias eléctricas, experimentos catalíticos con los que se pretende reproducir el chispazo generador, la fuerza a partir de la cual se construyó la urdimbre del mundo.
Lienzos Cúbicos

La utilización, como hace Alicia Jiménez, de elementos simples, materiales paupérrimos extraídos de la mismísima madre naturaleza o formas esquemáticas de la ambigüedad y soltura de un ideograma se suele relacionar con la cultura oriental, quizá debido en parte al despiste habitual con que desde occidente se analiza todo lo que procede de ella. La influencia oriental es en cualquier caso indudable en los movimientos de arte contemporáneo de los sesenta de los que bebe la joven artista gijonesa, como el minimalismo o el arte povera, que usaron de manera intencionada algunos de los recursos estilísticos del Japón para huir de convencionalismos formales e ideológicos y consiguieron con ello un acercamiento inesperado entre ambas culturas, si se tiene en cuenta que su espíritu contestatario hacía difícil consolidar cualquier conquista.
Así pues, a estas alturas siguen siendo necesarias iniciativas que ayuden al acercamiento entre los dos extremos del mundo (no tan alejados como a veces se insinúa) como las jornadas de cultura japonesa promovidas por la Universidad de Oviedo en el Campus de Humanidades de El Milán para la semana próxima o la exposición que ahora concluye en la galería Amaga de Avilés del pintor nipón Yoshihiko Kitano. En Asturias viven enlaces tan poderosos como Yayoi Kawamura, profesora de Historia del Arte de la Universidad de Oviedo, o Tanadori Yamaguchi, escultor habitual de la galería avilesina, desde la que sin duda se habrá tenido en cuenta el éxito y el reconocimiento obtenido en nuestra comunidad autónoma por este último y refinado artista, afincado desde hace años en Gijón, para programar una exposición tan sutil como la de Kitano, compuesta por una serie de lienzos cúbicos pintados al óleo conforme a los colores tradicionales japoneses. Si se obvia la mera posibilidad de la existencia de unos supuestos “colores tradicionales japoneses” (no somos tan diferentes en eso), se puede disfrutar de una exposición leve que funciona como un montaje escenográfico de unidades de color y que interesará a los numerosos artistas asturianos que se mueven en parámetros afines.

 

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