AJIMEZ ARTE

Crítica

Jaime Luis Martín

Dibujar con alfileres

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Publicado en La Nueva España
Nuria Rubial
Estados de ánimo
Del 5 al 30 de Marzo
Casa Municipal de Cultura de Avilés
Los deliciosos retratos realizados con alfileres clavados sobre la pared de Nuria Rubial (Oviedo, 1983) se inscriben en prácticas que exploran la técnica del dibujo revitalizándola y expandiéndola, con resultados de gran singularidad y potencia visual. Esta artista licenciada en Bellas Artes por la Facultad de Pontevedra y participante desde el año 2003 en una serie de muestras colectivas en Galicia ha sido incluida en «Poéticas. Generosas y fuertes», itinerante por España, Estados Unidos y México y seleccionada por el Ministerio de Cultura en Arco-08 dentro del programa de ideas y propuestas para el nuevo arte en España.
En su primera exposición individual, realizada en la sala Borrón, apostó decididamente por la intervención con alfileres sobre la pared presentando quince retratos de personas de su entorno, un trabajo laborioso que recupera el «espíritu artesanal» del que habla Richard Sennett, un espíritu que contradice la cultura capitalista de la inmediatez y recupera el compromiso con lo desinteresado y lo efímero. La técnica empleada por la artista es muy sencilla, proyecta la fotografía en la pared para guiarse y va perfilando los rasgos con alfileres, consiguiendo efectos realmente sorprendentes. Desde lejos el trazo se percibe con nitidez y sólo al acercarse se aprecia esa ruptura de la bidimensionalidad con los alfileres sobresaliendo de la pared.
Junto con estos trabajos se presentan varios dibujos, retratos sobre papel realizados mediante perforaciones, ensayos previos a sus intervenciones en la pared, que evocan la obra de Amparo Sard, quien también se vale de alfileres para puntear sus dibujos, pero a diferencia de la creadora mallorquina los retratos de Nuria no se encuentran sometidos a tensiones emocionales y más bien se perfilan con sereno y delicado primor. Completa la muestra una serie de tintas sobre papel donde la mancha y un pequeño personaje protagonizan unos breves e intensos relatos de color.
Pero realmente lo fascinante son esos dibujos con cientos de alfileres claveteadas en la pared, concebidos en clave posfeminista, más allá de cualquier rol reivindicativo se percibe una sensibilidad por el otro, incluso ha incorporado, como sucedió en la sala Borrón, el retrato de algún hombre; si bien siguen presentes, mediante los procesos y materiales empleados, sentimientos de afirmación identitaria y una reivindicación de la feminidad. La artista plantea una realidad respetuosa con los personajes, sin efectismos, sintiendo el rostro -algo a lo que contribuye la plantilla fotográfica de la que se sirve- que es definido sin opacidades, en términos de sinceridad, como un trazo escurridizo que en cualquier momento puede mudar, pues se encuentra cogido con alfileres.

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