AJIMEZ ARTE

Crítica

Luis Feás Costilla

Villa Magdalena

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Parecía que la recuperación por parte del Ayuntamiento de Oviedo de Villa Magdalena como centro social y cultural era en principio una buena noticia. Adquirida por el municipio hace años mediante incomprensibles estrategias urbanísticas que a la larga le han salido contraproducentes, la villa sirvió en un primer momento para albergar el legado Andrés Tamés, una colección privada de pintura y escultura, sí, pero sobre todo una cuidada colección de libros que sirvió de base para constituir una muy completa biblioteca sobre arte, que hacía de la visita al restaurado palacete de Juan Miguel de La Guardia un placer y una delicia solanera.
Pero, ubicado como estaba en un lugar de privilegio en Oviedo, pronto se le hizo objeto de intereses más altos y se le desposeyó arbitrariamente de parte de su uso público al ser cedido temporalmente a la Fundación Príncipe de Asturias con motivo de las celebraciones de su veinticinco aniversario, dejando a la biblioteca de arte enclaustrada en el sótano y a la colección de arte depositada en el Museo de Bellas Artes de Asturias. El año pasado, al tiempo que se sabía que el Ayuntamiento de Oviedo debe pagar por resolución judicial un justiprecio por Villa Magdalena que deja temblando las arcas municipales, se decidió de la misma repentina manera que la Fundación Príncipe debía irse de allí, para restituirle su carácter inicial y su vocación ciudadana.
Mas hete aquí que la supuesta restitución es un engaño, que la biblioteca de arte sigue condenada al oscuro semisótano, el legado de Andrés Tamés diluido en el Museo de Bellas Artes de Asturias y el espacio liberado dedicado sólo a la lectura de periódicos y los juegos de mesa. Para colmo, hace poco se ha sabido que se despide también a las eficaces bibliotecarias, aprovechando un lejano conflicto con la biblioteca de Trubia. El argumento que esgrime la concejalía de Bienestar Social es que una biblioteca de arte no es rentable (políticamente, se entiende), de la misma manera que en un momento dado ya no lo fueron las exposiciones o la Bienal de Arte, dejando el panorama cultural ovetense tan yermo como los paisajes de Agustín García.

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