AJIMEZ ARTE

Crítica

Imagen

Jaime Luis Martín

La armonía y la serenidad

0 comentarios

Publicado en La Nueva España

Yoshihiko Kitano
Del 7 de Marzo al 1 de Abril
Galería Amaga

No es casual que la exposición de Yoshihiko Kitano (Osaka, Japón, 1960) lleve por título «Serie de colores tradicionales japoneses sobre lienzos cúbicos al óleo», porque todo el proceso creador de este artista descansa en la combinación de un tono emocional nostálgico con la problematización de la pintura y sus derivas escultóricas. En su obra Kitano, que expone por primera vez en España, aunque con anterioridad lo hizo en diferentes galerías de Osaka y Tokio, tiende un puente entre la pintura y la escultura, o borra la distinción entre una y otra, como propugnaba Donald Judd. «El espacio real tiene tres dimensiones -explica Judd- y así se pone fin al problema del ilusionismo y del espacio literal, del espacio de las marcas y colores, y del espacio que les rodea». El minimalismo trajo como consecuencia el fin de la pureza pictórica, y si bien no puede considerarse propiamente una ruptura, algunos de los síntomas apuntaban importantes cambios: el arte pasaba a mirarse el ombligo, reflexionando sobre sí mismo, y se consumaba un modelo formalista.

Kitano presenta varios cubos, bloques de diferentes colores salpicando las paredes de la sala creando un paisaje de «objetos concretos», una instalación que radicaliza el territorio pictórico con su estética de hibridación. Hay una voluntad pictórica de intervenir en el espacio arquitectónico, la necesidad de crear un ambiente, una experiencia única e irrepetible apoyándose en una teatralización de la pintura y en una redefinición de lo escultórico que se entiende como la suma de diferentes partes. La escultura se define en términos de lugar, al igual que la pintura va más allá hasta hacerse objeto. Y las distintas piezas que componen la exposición, aunque pueden funcionar como elementos autónomos, adquieren valor por la relación que mantienen entre sí y con el espacio.

La obra de Kitano, deudora de las corrientes reduccionistas de la década de los sesenta, añade otros elementos que le permiten ensayar salidas de la encrucijada en que se encuentra el discurso pictórico. En su apuesta híbrida incorpora sentimientos y tradiciones, un mestizaje que le permite conectar con la estética japonesa sin renunciar a una contemporaneidad, rasgos que, sin duda, singularizan la mirada del artista aportando sentido comunicativo.

La elección del soporte con un papel realmente activo transforma el concepto de pintura que deviene en pintura-objeto. Los cubos surgen en un territorio contaminado, condicionado por la repetición y modulado en la diferencia. Y a pesar de la tendencia a la monocromía el gesto introduce diversidad y pálpito en su pintura. Las capas de color se superponen creando una piel pictórica, una densidad que no esconde las irregularidades y accidentes del proceso de creación. Pero la realidad del soporte se impone y su presencia genera sombras que acentúan la vocación espacial de la obra.

También aquí se sigue cumpliendo la máxima de «menos es más» del arquitecto alemán Mies van der Rohe, pero además Kitano introduce emociones de color en el espacio, logrando abrir un resquicio de armonía y serenidad en la catástrofe que habitamos a diario.

Volver

Comentarios

No hay comentarios a esta critica

Si lo deseas, puedes enviar un comentario a critica:

Envía esta referencia