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Crítica

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Jaime Luis Martín

La energía de lo elemental

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Publicado en La Nueva España

Del limo
Alicia Jiménez
Hasta el 23 de Marzo
Centro de Escultura de Candás. Museo Antón


Con la exposición «Del limo», Alicia Jiménez (Gijón, 1977) culmina el proyecto por el que recibió en el año 2006 la beca «Antón» de ayuda a la creación escultórica. La pieza central, ubicada al lado del faro, es una sencilla barca recubierta de cobre y parafina. La muestra articula, sirviéndose de diferentes elementos, una metáfora sobre la mar, el origen y la creación. Esta artista que parece vivir en un tránsito permanente se licenció en Bellas Artes por la Universidad de Granada y en el año 2001 obtuvo el premio «Astragal»; fue seleccionada en la XVIII Muestra de artes plásticas del Principado de Asturias y en el XXXV Certamen Nacional de Arte de Luarca, y participó en el Observatorio Orbital de lo Humano (2006) con una instalación multimedia protagonizada por un carrito de compras; sin embargo, uno de sus proyectos más singulares lo realizó en el barrio del Carmen (2007), la instalación de una vía en el interior de uno de los antiguos vagones ferroviarios rompía la lógica y conseguía un momento de máxima intensidad poética.
En Candás la exposición tiene una discurso difícil que convive con un rigor en la puesta en escena y la repetición de elementos y materiales como característica principal. Sólo partiendo de la idea del limo, un suelo muy productivo compuesto por partículas de arcilla y arena, mezcladas con restos orgánicos, se puede deshilvanar un relato hecho de múltiples lecturas, influencias y experiencias. En esta narración se abraza a los románticos, Friedrich y Novalis, las experiencias oceánicas y las leyendas de Antromero, la vivencia de lo cotidiano de Mona Hatoum y la catarsis de Beuys.

Las diferentes visiones que ocupan las salas de Museo Antón están realizadas con fragmentos, piezas sueltas relacionadas con la energía y la creación, dispuestas, aparentemente, en un caos por donde asoman restos de intimidad. Como señalaba, en una reciente entrevista, la propia artista, «los objetos, las imágenes, los procesos y los instantes funcionan como símbolos del propio inconsciente en diálogo con el inconsciente colectivo». Pero en esta cartografía hay una consciente utilización de los materiales, que juegan un importante papel en la construcción del imaginario pero también en la resolución formal, logrando aunar la potencia con la vulnerabilidad, lo transparente con lo opaco, lo inamovible con el tránsito, según se encuentre presente la parafina o el cobre, el hierro o el agua. Y hay piezas realmente singulares como la vieja lámpara de brazos cuyo cable termina en forma de ancla o el neón que serpentea sobre la tierra produciendo sensaciones de calor.
Y todos estos mensajes navegan en esa barca cerca del faro, que apenas hace ruido en el paisaje, que «no remite -como señala Adolfo Manzano en el catálogo- a un trágico final, tampoco parece que vaya a hacerse a la mar en ese momento», más bien parece varada en tierra para que reparemos en las cosas sencillas que pasan desapercibidas y sin embargo contienen la energía de lo elemental y maravilloso

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