AJIMEZ ARTE

Crítica

Luis Feás Costilla

Discursos sin fronteras

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Publicado en La Voz de Asturias
¿Qué arte? Discursos sin fronteras.
Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo, calle San Francisco 1 (Oviedo). De 10 a 14 horas. Sala de exposiciones Banco Herrero, calle Suárez de la Riva, 4 (Oviedo). Lunes a sábado, de 11 a 14 y de 17 a 21 horas. Domingos y festivos, de 11 a 14 horas.
FECHA DE CLAUSURA: 29 de febrero en el Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo. Hasta el 23 de marzo en la sala de exposiciones Banco Herrero.
Oviedo ha estrenado los grandes actos de conmemoración de su cuarto centenario con una amplia exposición colectiva distribuida en dos sedes cuya inauguración multitudinaria, con presencia de las más altas autoridades regionales, sorprendió por su éxito a los propios organizadores, que no se esperaban semejante afluencia en una convocatoria de arte contemporáneo. Fue una sorpresa un tanto ilógica, pues es evidente que en Asturias hay necesidad y demanda de acontecimientos culturales como este, ligados a la creación más actual y (post)vanguardista, en una comunidad que goza de estupendos artistas vivos, maduros y jóvenes, que no siempre reciben de las instituciones públicas asturianas todo el apoyo que se merecen.
Lo malo es que, tras el buen arranque inaugural, la iniciativa ha perdido gran parte de su fuelle inicial y la exposición no consigue atraer la atención del público, que ha despoblado las salas del Edificio Histórico de la Universidad y del Banco Herrero. La verdad es que con las celebraciones de 2008, que incluyen no sólo el cuarto centenario de la Universidad de Oviedo sino otros igualmente importantes como los de las Cruces de los Ángeles y de la Victoria, se ha desaprovechado la oportunidad única de conmemorar de forma conjunta y con la suficiente antelación episodios fundamentales de la historia de Asturias, dando paso a la división y, como siempre, a la improvisación y al encargo de última hora. Se vio en el deslucido acto de apertura del Año Jubilar en la Catedral de Oviedo y se aprecia también en la colectiva que aquí se comenta, esforzadamente comisariada por dos destacadas profesoras de Historia del Arte, la catedrática Soledad Álvarez y Natalia Tielve.
Una exposición como esta nunca debería haber consistido en una mera recopilación de nombres dispares unidos bajo un lema justificativo, con obras ya conocidas, sino que hubiera exigido, si se hubiera dispuesto del tiempo suficiente, de más actuaciones específicas, pensadas para un acontecimiento concreto como este.
¿Qué arte? El buen arte
La premura de tiempo con la que se ha organizado esta exposición inaugural del cuarto centenario de la Universidad de Oviedo ha tenido como resultado un conjunto muy desigual, con artistas de muy diferente calidad y concepto, obras menores, intervenciones inespecíficas y piezas como las de Gema Ramos o Paco Nadie que aunque pertinentes ya eran conocidas de convocatorias anteriores. Esto explica en parte la pérdida de público, debida sin duda al hecho de que no recibe de la exposición todo lo que de ella esperaba y no tanto a un supuesto rechazo instintivo y prejuicioso al arte contemporáneo, y hace brillar con luz propia las actuaciones preparadas expresamente para la ocasión, como el pizarroso montaje audiovisual del dúo Fiumfoto en el edificio histórico de la Universidad, escolar y explosivo, o la intervención acumulativa de Adriana Rodríguez en la sala de exposiciones del Banco Herrero, directamente sobre la pared.
Para confundir aún más, la heterogeneidad de la propuesta se esconde bajo un discurso ambiguo y transfronterizo en el que, como siempre, se alude a la versatilidad, el mestizaje, la interdisciplinariedad, la hibridación y la paradoja de las diversas modalidades expresivas, que van desde la fotografía y la instalación de vídeo hasta la escultura, la pintura, la obra gráfica, la poesía y las propuestas multimedia, para plantear un supuesto cuestionamiento por parte de los jóvenes artistas asturianos de la propia identidad, del proceso creativo o, en resumidas cuentas, del arte en sí mismo y así justificar, de paso, el previsible desconcierto al que se va a ver sometido el público menos dado a obtener sus ganancias contemplativas en río revuelto.
Eso no deja de ser un tópico gremial y elitista que no se sostiene en la práctica, pues desde un principio ha habido unanimidad entre todos (legos y expertos, público general y especializado) en que la mejor pieza de la exposición es sin duda la hoguera escultórica de Cano y Sobrino que rodea al fundador de la Universidad, el inquisidor Valdés Salas, justicia histórica hecha con indiscutibles ambiciones artísticas y escenográficas

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