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Jaime Luis Martín

La economía del arte

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Publicado en La Nueva España

El pasado 18 de febrero se clausuraba Arco-08 con récord de visitantes -200.000 según la organización- y una satisfacción general en las ventas -aunque este dato siempre resulta opaco-, a pesar del temor que se respiraba, en un mercado tan sensible como el artístico, por la desaceleración económica.

Por lo demás, Arco siempre se parece a Arco: protestas de las galerías excluidas, la sensación de ya visto, el fetichismo de los nombres, la acumulación, el cansancio, la excitación del decorativismo y las obras engullidas por el entorno mercantilista, incluso aquellas en las que pervive una cierta autonomía critica y anticapitalista. Porque al cabo, dejémonos de cuentos, el arte también es esto: mercado, plusvalías, un producto para el consumo. Ya lo decía Adorno: «No es que la obra de arte se entrame en el capitalismo: es que le debe su existencia».

En un estudio de 2006, el Banco de España consideraba el arte como la tercera opción inversora por detrás de la construcción y los productos financieros. Y en las dos últimas décadas el arte ha vivido su mejor momento comercial, las inversiones realizadas en los años noventa se han revalorizado más del 20 por ciento, consiguiendo desplazar en las opciones de los inversores a otros productos más clásico como las joyas.

No es de extrañar, por tanto, los codazos que se producen en una feria como Arco, ni el malestar entre aquellos galeristas desplazados a la primera planta del pabellón catorce en minúsculos stands de cuarenta metros que convierten el espacio en algo farragoso y laberíntico, ni la codicia que flota en el ambiente robando protagonismo al olor de la masa humana ávida por devorar imágenes. En este contexto quedan postergados aquellos mecanismos que convierten el arte en un entramado simbólico de formas, gestos o relatos derivando hacia un objeto más de consumo que se rige por las leyes de la oferta y la demanda. Y todo el entramado artístico y social parece corroborar que fuera del mercado no existe nada. O como decía Nicolas Bourriaud: «Lo que no se puede comercializar está destinado a desaparecer».

Pero, ¿cómo no percibir contaminada por el espectáculo la obra de Alfredo Jaar, en la galería Oliva Arauna, un proyecto que relata el trabajo en una mina de oro de Brasil? Las deplorables condiciones de vida y la explotación de los trabajadores contrastan con la frialdad de las cotizaciones del precioso metal en el mercado bursátil. Y, sin embargo, este discurso político es asimilado sin mayor problema, casi como una necesidad del capitalismo que valora este último vestigio ético, carente de cualquier peligro revolucionario y expuesto, como cualquier otra mercancía, en el escaparate.

De la presencia asturiana, lo más destacable fue la instalación de Dionisio González (Gijón, 1968), que presentó la galería Max Estrella. La pieza recoge los restos de la demolición de una favela, escenificando el momento de la explosión y salpicando el espacio con la fragmentación de una identidad que hace visible la especulación inmobiliaria. Cabe mencionar, también, a Carlos Coronas (Avilés, 1964) que en la galería leonesa Cubo Azul presentó dos piezas de luz que remiten a la abstracción geométrica y amplían el concepto de pintura. Pero en este entramado los acentos de neón y el vinilo juegan en distintos planos, trazando diferentes líneas, en una composición de indudable vocación espacial. En Espacio Líquido, la única galería asturiana en la feria, expuso Rebeca Menéndez (Avilés, 1976) una obra con acentos posfeministas que escenifica desequilibrios y vértigos emocionales, una subjetividad que, en ocasiones, gira la mirada hacia la infancia o se resuelve en la teatralización de la soledad, mediante narrativas fotográficas donde la figura de la mujer aparece extrañada o en situaciones inverosímiles.

Y ya sólo nos queda esperar Arco-09, algunas de cuyas novedades ya fueron adelantadas: la presencia de la India como país invitado y la intención de iniciar el proyecto «Arco urbano», una apuesta por una plataforma para la promoción del arte público en la calle.

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