AJIMEZ ARTE

Crítica

Jaime Luis Martín

La apropiación de la inocencia

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Publicado en La Nueva España

Débora Alonso Hidalgo
Nerea
Litografías
Del 4 al 29 de Febrero
Casa Municipal de Cultura de Avilés

 

 Si en 1887 Corrado Ricci reconoció, por primera vez en la historia, que el dibujo infantil se encontraba próximo a la expresión artística, poco tiempo después se realizaba en Berlín la primera exposición de arte infantil bajo el título «El arte en la vida de un niño» (1901). Coincidían estos reconocimientos con la crítica al arte tradicional, académico y burgués, formulado por las primeras vanguardias históricas, que volvían su mirada hacia un arte más auténtico como el primitivo o a las imágenes de la infancia. La espontaneidad, la emotividad, el mundo poco contaminado de los niños atrajo a figuras como Klee, Picasso y Kandinski, que veían reflejado en las obras infantiles el espíritu del cambio estético que propugnaban. En esta misma línea la deuda de Miró con el arte infantil es evidente, y creadores como Saura expresaron su fascinación «al universo de hermosos latigazos plásticos que surge de las manos infantiles». Actualmente nadie duda, tras las investigaciones pedagógicas llevadas a cabo y la postura de la crítica, que el concepto de obra es adecuado para referirse a estas manifestaciones plásticas.

En este sentido, Débora Alonso Hidalgo (Lorío, Pola de Laviana, 1981) se muestra conmovida por la frescura primigenia de los trabajos infantiles y, sintiéndose deudora de Baudelaire, que identificaba la genialidad con la infancia recuperada, emprende una aventura visual digna de elogio por atrevida y rupturista. Pero esta artista, titulada en Grabado y Técnicas de estampación por la Escuela de Arte de Oviedo, que realizó su primera muestra individual en la Casa Municipal de Cultura de Tapia de Casariego (2003) y que trabaja actualmente como coordinadora en el Centro de Arte de Ladines, consigue, además, introducir en su propuesta gráfica conceptos esenciales para el arte contemporáneo como apropiación, aura y autoría.

Apropiándose de los dibujos infantiles, la obra de Débora se sitúa en un espacio conceptual que desmitifica el objeto e implica al espectador en los cuestionamientos de la naturaleza del arte. La noción de apropiación niega términos como autenticidad y expresión, interroga sobre la originalidad y ahonda en la crisis del autor al convertir, como en este caso, en propios los dibujos de Nerea. Como consecuencia queda atrofiada el aura, término asociado a lo irrepetible, al valor único de la obra de arte, a lo auténtico; atrofia que se acrecienta por la reproductividad que propicia la técnica litográfica.

Débora nos propone en esta exposición un «ejercicio de lucidez- según expresión de Avelino Sala en los «Papeles Plástica»- que no sólo homenajea a la pureza, sino que plantea un concepto de colaboración intergeneracional basado en la complicidad y el respeto». Pero, también, analiza y visualiza la experiencia estética en un campo de operaciones radical, explorando el arte, disolviendo la autoría y permitiendo que aflore, como una explosión de grafismo, color y alegría, la poesía del mundo infantil.

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