AJIMEZ ARTE

Crítica

Luis Feás Costilla

Fluida pintura sin muros

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Vaquero Turcios. Pinturas recientes.
Sala de arte Van Dyck, calle Menéndez Valdés, 21 (Gijón). De lunes a sábados, de 11.30 a 14 y de 17.30 a 21.30 horas.
Hasta el  17 de febrero.
Publicado en La Voz de Asturias
Nunca el muro había dividido menos. Levantado con la argamasa de la técnica mixta por los artistas surgidos en los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo, como Antoni Tàpies o Alberto Greco, el muro se convirtió en símbolo de la disgregación y la opresión, muro de las lamentaciones sobre el que expresar todo el dolor y todo el desgarro mediante arañazos y grafismos. En cambio, para las generaciones inmediatamente posteriores, entre las que se encuentra el pintor Joaquín Vaquero Turcios, que ahora expone su obra reciente en la sala Van Dyck de Gijón, el muro se convirtió en pretexto con el que transformar la pintura de profundidad en una pintura de superficie en la que las arenas y las bastas texturas son sustituidas por un más refinado trabajo con técnicas más tradicionales como el acrílico sobre tela o tabla, con el que se simulan grietas y oquedades y se otorgan, sin pretensión de verdad, apariencias pétreas, tratadas, eso sí, con la paciencia, el respeto y la solemnidad con que lo haría un artista prehistórico, un hombre de las cavernas, y buscando similar conexión cósmica.
Nunca el muro había tapado tan poco. En su afán preciosista, Vaquero Turcios ha ido dando a esta obra abstracta y parietal (que apareció en su pintura de caballete a partir de los años ochenta, como emancipación de los elementos formales de su anterior obra figurativa, emplazada en monumentales sitios arqueológicos) cada vez más libertad y autonomía, hasta el punto de ir deshaciendo la integridad apabullante de muros y murallas y empezar a dar relevancia a cada una de sus partes, remarcando sobre todo el protagonismo de los planos de color (azules, violetas, incluso amarillos y verdes), que contrastados producen a veces una acentuada sensación de volumen, como en sus pinturas recientes. Pero la novedad más destacada que presenta ahora, en esta su segunda exposición en la galería gijonesa, tras varios años de ausencia, es la presencia de una pintura menos rígida y estructurada, más fluida, que hasta deja entrever insólitos paisajes y simas marinas. Es la necesidad del veterano artista, también escultor y muralista, con más de cincuenta años de trabajo a sus espaldas, de deshacerse de los firmes corsés que se había impuesto y recuperar la delicia de pintar y su alegría.

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