AJIMEZ ARTE

Crítica

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Jaime Luis Martín

Pintar es un placer

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Publicado en La Nueva España

Chechu Álava
Los placeres y los días
Del 11 de Enero al 23 de Febrero
Espacio Líquido

No es accidental que a finales de la década de los noventa, cuando parecía que la pintura se ahogaba en sus propios fluidos, Chechu Álava (Piedras Blancas, 1973) titulara su exposición individual en la sala Borrón «No estaba muerta, estaba de parranda ("Elogio de la pintura")». En realidad, con esta declaración la artista se situaba en un lugar atemporal, en una estética estática, sumándose a todos los pintores posmodernos que procesaban, como señala Julián Bell, la historia del arte como una superficie plana, como una biblioteca de imágenes disponible y de las podían apropiarse sin remordimientos. Porque ya no había necesidad de ser originales, ni perderse en explicaciones retóricas y pretenciosas para justificar lo evidente: la pervivencia de lo pictórico; y la búsqueda de la novedad se había convertido en un elemento accidental del discurso artístico. La pintura se entendió como una red antes que como una línea de progreso que conducía hacia algún fin, más como el resultado de una simultaneidad de diferentes épocas y estilos que como reflejo del presente; un recorrido reiterativo que, sin embargo, admitía fascinantes derivas.
Y Chechu participa de este entramado acumulativo de historias, gestos y expresiones que le permiten prolongar la fiesta pictórica con una obra de una singular excelencia, capaz de transformar lo anecdótico en potentes y sensuales imágenes. En la exposición «I'll be your mirror» («Seré tu espejo»), enmarcada en el proyecto «Extensiones, anclajes» organizado por Laboral, se encontraban muchas de las desviaciones que confirma esta muestra, sutiles cambios que abrían paso a una pintura más meditada y elaborada frente a la gestualidad de su anterior etapa. Y si bien en su instalación de dibujos perviven resonancias fotográficas de una indudable frescura ascética, en sus óleos se perciben los mayores desvíos que responden a una continua asimilación de la historia del arte, unas influencias que ya no se detienen en Elizabeth Peyton o las corrientes hopperianas, sino que se pierden en los impresionistas o invocan el espíritu de prerrafaelistas como Millais.

Sus piezas han perdido vitalismo, pero han ganado en misterio, potenciando un imaginario onírico atravesado por el pasado y empapado de presente. Ahora se ocultan colores, se detiene el tiempo, se recrean atmósferas acuosas, se deja fascinar por revueltas abstractas, aunque la figuración sigue protagonizando una propuesta que se revela carente de rigidez, como un momento pictórico puro, intenso e hipnótico.
Una novedad de esta muestra es la incorporación del vídeo «Plain air» realizado y protagonizado junto a la artista uruguaya Rita Fischer. La película muda muestra a las dos artistas pintando, con sus respectivos caballetes, en los bosques de Barbizon y Fontainebleau, recreando un pasado que la modernidad cuestionó y Clement Greenberg remató en 1948, en su conocido artículo «La crisis de la pintura de caballete». El vídeo habrá que entenderlo, por tanto, como un lúdico y gozoso, irónico y emotivo, afectado y alegórico, homenaje a la pintura, en la línea satírica y provocadora de los trabajos de Mark Tansey y especialmente de su obra «Action painting II» (1984).
Resulta admirable la capacidad de Chechu Álava para convertir la pintura en un territorio de investigación inagotable, capaz, aún, de producir espectáculo y orientarnos, con radiante e irresistible elegancia, en la búsqueda de aquellos tiempos perdidos que, todavía, nos embriagan.

 

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