AJIMEZ ARTE

Crítica

Javier Ávila

Revillagigedo

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Hace unos días, en un intento de balance anual, con lo disparatado que pueda suponer el intento, avanzaba una idea que, por las características del artículo no tenía sentido ahondar más en ello pero que pienso, es necesario detenerse en ella. Esta no es otra que la situación y el estado del Centro de Arte. Palacio de Revillagigedo, dependiente como todos sabemos de la obra Social y Cultural de Cajastur, probablemente por su volumen e importancia pasada, el ejemplo más relevante de aquello en lo que ha devenido la linea argumental de la entidad, en lo que se refiere a directrices culturales en las artes plásticas.

Llevamos años con debates públicos y privados desde que empezó a tomar forma el proyecto de apertura de un Centro dedicado al Arte Contemporáneo en Asturias, ya entonces, cuando se intentaba poner sobre la mesa aquello que se esperaba del tan ansiado espacio, plantee repetidamente lo preocupante de la situación, no en referencia a este nuevo centro sino a la actitud de la programación de un Revillagigedo que había caído en picado, ante la desidia e interés de sus responsables que habían decidido la poca importancia de seguir trabajando en esta dirección. Esto sí suponía en mi opinión, un grave varapalo para las raquíticas estructuras de producción sobre las que se basaba parte de la creación artística de la región.

Las consecuencias que podía haber tenido la apertura de grandes instituciones en otras ciudades, los ejemplos se han multiplicado en las últimas décadas, sumaban en el caso de Asturias un componente más pues, si en otras latitudes estas estructuras de producción estaban consolidadas, recuerdo que ante la fascinación por el efecto "gugenjein", apuntaba la trayectoria de espacios como Arteleku o Bilbao Arte, aquí carecíamos de algo parecido ni de lejos.

Me ha llamado y me sigue llamando la atención el silencio hacia esta circunstancia, el mirar hacia otro lado ante lo que se escenificaba ante nosotros de clausurar un discurso que nos habiá ofrecido hasta entonces, con más o menos acierto, la posibilidad de disfrutar de exposiciones de buen nivel para la oferta que entonces se disponía. El silencio ante la clausura de una linea de trabajo que ha posibilitado a un buen número de artistas de la región el poner en pie exposiciones con una documentación gráfica estupenda, el silencio ante el cerrar la política de publicaciones para gente joven, con el valor que estos catálogos pueden tener para creadores noveles, el silencio ante la clausura de ayudas a la producción de estas exposiciones con el argumento de que "ya tenemos muchos cuadros" (sic), el silencio ante la pregunta de "si usted tiene cuenta con nosotros" (sic) como algo inexcusable para exponer en nuestras salas.

La asistencia al Palacio de Revillagigedo marca su punto culminante con la muestra del coche de Fernado Alonso en sus salones y patio, y nadie dijo nada, se mira para otro lado y aquí paz, después gloria. Frente a este pico de audiencia, recuerdo exposiciones notables, sirva de ejemplo la muestra que ofreció el lamentablemente desaparecido Joan Hernández Pijoan, a cuya inauguración acudimos poco más de una docena de personas, ahora se escucha una queja constante ante el vació de las salas,
¿cuando las salas han estado llenas?, si exceptuamos la inauguración de alguna "estrella local de relumbrón".

El Salón Internacional de la Fotografía llegó a un número de ediciones más que significativo, un buen día se decide eliminarlo y aquí no pasa nada. Este Salón no sólo nos acercó a la obra de artistas con un nivel magnífico, recuerdo todavía el ciclo sobre cine Fluxus al que nadie prestó atención y que constituía una oportunidad extraña y única por entonces. La eliminación del Salón tuvo como consecuencia que a fotógrafos cercanos, que encontraban en él la posibilidad de producir una obra e involucrarse en muestras junto a creadores de otros ámbitos, sencillamente se les cerrara esta puerta.

El grueso de la programación de las temporadas que merece la pena tener en la memoria, de esto ya hace tiempo, se centraba fundamentalmente en disciplinas como la pintura y la escultura,la obra gráfica (de la Trienal se hicieron tres ediciones en diez años!!!) tan presente y rica en esta región y esporádicamente en la fotografía como he señalado, pero el peso especifico lo soportaban las dos primeras. Jamás escuché reproches de dirigismo hacia esta circunstancia, a nadie se le obligaba a pintar o esculpir, el artista toma sus decisiones sobre qué debe ser su trabajo, de cómo pretende construir su discurso, sin esperar que nadie les diga lo que deben o no deben de hacer, quizás esto es de otro modo y yo no me he enterado, también puede ser.

Como refería en el balance anual, estoy convencido de que este espacio cerraría un triángulo que ocupase la mirada sobre toda suerte de planteamientos plásticos, tiene capacidad y características más que suficientes para ser así, dispone de un equipo técnico y humano que han sabido probar su valía y que es desgarrador observar a qué los tienen dedicados por las directrices marcadas, es una oportunidad para completar la oferta de un Museo de Bellas Artes que con la futura ampliación se convertirá en un referente de carácter más historicista, su discurso en este sentido es claro, y el todavía balbuceante Laboral Centro de Arte y Creación Industrial, especializado en argumentos muy concretos que tanto parecen disgustar a muchos.

 

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