AJIMEZ ARTE

Crítica

Andrés Isaac Santana

Emergentes. Más allá de Frida y más acá del vídeo.

0 comentarios

Publicado en Museomanía y referenciado en salonkritik.net


Es una realidad indiscutible que para el campo del arte y las prácticas artísticas latinoamericanas, salvo contadísimas excepciones, el diálogo entre arte y nuevas tecnologías queda bastante reducido a los dominios de unos lenguajes, cuya puesta en escena ya no supone novedad alguna para los centros internacionales y hegemónicos del arte. Los usos de la fotografía experimental, concretamente de la imagen digital, y las reformulaciones constantes del soporte vídeo, son, acaso, las dos áreas de actuación de los artistas que buscan establecer un diálogo entre los lenguajes tradicionales de la creación artísticas y los elementos ofrecidos por los nuevos apartados tecnológicos. La mediocridad de los modelos económicos extendidos por todo el continente latinoamericano, heredero de una larga historia colonial, por una parte; y la falta de una infraestructura científica y técnica, por otra, además de la real dificultad de participación y acceso al capital cultural globalizado, sirven para explicar esta especie de desfase en los órdenes de la investigación y experimentación artísticas, cuando hablamos de sus posibles vínculos con los territorios de las nuevas tecnologías. Un hecho de esta índole ha de considerarse siempre a la hora de ensayar aproximaciones críticas, demasiado vehementes, a proyectos expositivos encargados de advertir o documentar ciertos juegos, negociaciones o experimentaciones del arte latinoamericano con el ámbito feroz de las tenidas por nuevas tecnologías de la imagen o inéditas formas de creación. En este sentido creo que Emergentes, la nueva propuesta expositiva de LABoral Centro de Arte y Creación Industrial en Gijón, exhibe más virtudes que la insensatez de algunos defectos subrayados por algunos críticos apasionados.

Emergentes, es una exposición absolutamente correcta, quizás incluso demasiado, que deja poco espacio a la denostación respecto de su plataforma argumental, aun cuando ciertas afirmaciones y propuestas de clasificación esbozadas por su comisario, el peruano científico e investigador en tecnología y nuevos medios José-Carlos Mariátegui, admitan ser discutidas desde otra experiencia perceptiva y partiendo de los relatos que proponen las propias obras que agrupan esta muestra, las que -sin dudas- se desmarcan de los habituales esquemas metodológicos y del escéptico prospecto de lenguajes de la más reciente historia del arte. Si un elemento resulta común a todas ellas, es el hecho mismo de estar ubicadas en espacios de realización limítrofes marcados por la indefinición y la superación de todo orden preestablecido. Ninguna, en su propia autonomía, pretende convertirse en el hallazgo autosuficiente de un nuevo artefacto bajo la denominación de ARTE, en su defecto buscan estimular una mayor comprensión sobre nuestro espacio vital y el diálogo que se tercia entre éste y nuestro cuerpo. Ampliar experiencias perceptivas y de participación es, parece ser, el objetivo más caro de estas propuestas.

De este modo, el conjunto de piezas aquí reunidas se convierte en una suerte de investigación-especulación (desde los terrenos del arte y de la ciencia) que ansía descubrir nuevas “plataformas multi-sensoriales” y reformulaciones del tradicional concepto de “espacio”, de las que aún desconocemos sus reales límites y posibilidades de actuación para el ser humano. En su mayoría, y con independencia del grado de eficacia y de pertinencia de su articulación discursiva y de la concepción formal última, todas estas instalaciones buscan expandir el limitado mundo de nuestras experiencias cotidianas y pedestres, asociado a unos comportamientos muy específicos, donde la rutina y los hábitos nos distancian de la experimentación y de la expansión de la experiencia misma, especialmente de todas aquellas relacionadas con el mundo de los sentidos. Creo que es justo en este punto donde se revela su mayor interés, y no en el hecho de que estas piezas puedan o no expresar contenidos de identidad, en virtud de las denominaciones de origen de los artistas involucrados en esta exposición.

Exigir a este tipo de propuestas, tal y como han planteado algunos, un tipo de relato de identidad latinoamericana a tenor del origen de los creadores o a partir del contexto donde se concibió la obra, es algo más que demencial. Estas piezas no están, en modo alguno, para advertir sobre lo latinoamericano en tanto concepto geo-cultural y político, semejante pretensión no es sino un disparate mayor solo comprensible desde el desconocimiento. Si bien es cierto que se trata de un grupo de artistas de América Latina (que no de Iberoamérica, creo que es pertinente la precisión), el propósito no es discursar sobre el concepto latinoamericano a partir de obras concebidas desde la vinculación entre arte y ciencia. En su lugar, esta exposición ofrece una mirada sobre un estado de condiciones culturales, donde el explosivo crecimiento de la información a escala planetaria, afecta el campo de la creación artística, lo que ha conducido a numerosos artistas contemporáneos a explorar todas y cada una de las nuevas posibilidades creativas inauguradas por los nuevos acervos de la informática y la robótica. Se trata de diez instalaciones muy bien orquestadas, que enfatizan la destreza de los artistas subvencionados por Fundación Telefónica para hacer coincidir -en un artefacto juzgado como obra de arte- los recursos estrictamente técnicos y con el potencial poético y alegórico de la verdadera creación artística.

Aunque algunas de estas propuestas son menos contundentes en el resultado último, como las del peruano Rodrigo Derteano, el salvadoreño Fernando David Orellana, y la pieza Mitozoos del colombiano Santiago Ortiz, otras se manifiestan mucho más potentes y sorprendentemente hermosas, muy al margen de la presencia visual enfática de la arquitectura de las piezas. Tales son los casos de la instalación robótica interactiva Proxemia de la argentina Mariela Yaregui, compuesta por pequeños globos de luz que resultan robots autopropulsados que interactúan entre sí y con el espectador; la hermosa instalación Llegaste con la brisa I.5, de la mexicana Mariana Rondón, se trata de una especia de ser creador omnisciente dotado de dos brazos robóticas que expulsas burbujas de aires sobre las que antes de reventar se proyectan imágenes, casi bucólicas, que remiten a la vida, al nacimiento. La pieza es una elocuente metáfora sobre los complejos procesos de creación de vida artificial, así como una alegoría sobre la vulnerabilidad y evanescencia de todo lo sólido y de todo aquello que consideramos real, incluyendo la vida misma.

En otro orden destaca también un grupo de obras que apuntan a temas complejos de la realidad cultural contemporánea tales como la vigilancia, la reproducción de la vida, el límite del texto y su muerte, o la manipulación de la información. Entre ellas sobresalen Spio del brasileño Lucas Bambozzi, Almacén de Corazonadas del mexicano Rafael Lozano-Hemmer, Divergencia, diferente de cero del argentino Mariano Sardón, Ambiente de estero realidad 4 de los peruanos Juan Carlos Martinet y Enrique Mayorga. La instalación sonora interactiva OP_ERA: Haptics for the 5th dimension de las brasileñas Rejane Cantón y Daniela Kutschat, es una extraordinaria de investigación poética que desea ampliar nuestras posibilidades perceptivas y sensoriales. Creo que éste es un poco el ánimo de muchas de estas obras integradas en las salas de LABoral mediante un diseño y puesta en escena que desde la austeridad de unas pasarelas y cortinas conectan las obras, haciendo la suerte de mapa interactivo que invita a la investigación y al voyeurismo.

Volver

Comentarios

No hay comentarios a esta critica

Si lo deseas, puedes enviar un comentario a critica:

Envía esta referencia