AJIMEZ ARTE

Crítica

Javier Ávila

Signos de la Ciudad. Señas de identidad

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Coproducida por la Fundación de Cultura de Gijón y el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, “Signos de la Ciudad” se presenta en el Antiguo Instituto comisariada por Juan Ramón Barbancho, quien abre el texto de la publicación en forma de revista que acompaña a la exposición con una cita, firmada por Giandomenico Amándola, que constituye casi una muestra de intenciones: “la ciudad nueva postmoderna está paulatinamente sustituyendo a la ciudad industrial desarrollada en el ochocientos, que ha llegado con diversas mutaciones hasta nuestros días. El placer parece convertirse cada día en más importante que el funcionar”.

Desde este punto de partida la visita a “Signos de la Ciudad” debe acometerse con calma, los tiempos de proyección de las piezas también lo requieren, atendiendo al paseo y la pérdida como forma de observar la urbe, desde el principio de la modernidad que apuntase Baudelaire en sus tránsitos parisinos, idea en la que insisten muchos de los vídeos que componen el conjunto, formato técnico de todas las piezas de la muestra.

La mayoría de los artistas participantes observan la ciudad desde el prisma de lo pasajero, desde aquél que mira desde la distancia un paso del tiempo inexorable, fluido, acompasado por las ramificaciones culturales que dan forma a los lugares que habitamos, sobre todo en la obra de Francis Naranjo donde se establece un paralelismo entre las tramas urbanas y los cauces fluviales, metáfora de lo que acontece en la polis actual.

Miradas cercanas y lejanas al mismo tiempo en las narraciones de los inmigrantes y su choque vital con lo soñado y lo encontrado tras las penosas travesías, presentadas en el vídeo del colectivo “arte 90” en una localización geográfica tan sensible a esta situación como es el Estrecho de Gibraltar.

Cruces culturales brutales como los planteados por Dionisio González en los montajes arquitectónicos de las favelas y los proyectos habitacionales de aspecto new tech, que desmonta de manera tajante las contradicciones de la sociedad contemporánea, capaz de convivir sin problemas con problemáticas vecinas y cercanas, sin afectarles lo más mínimo.

Sin embargo, quizás la mirada más afilada la encuentro en la obra de Marisa González quien parte de la demolición de unas viejas chimeneas industriales, como las que podamos encontrar en tantos otros lugares, y los sentimientos de los habitantes que encontraban en ellas todo un símbolo de identificación, de construcción de memoria colectiva, de vivencias y pasado arrasado para sustituirlo por nuevas promociones inmobiliarias, que nada tendrán que ver con lo que para ellos constituye su ciudad, pieza ilustrativa de lo que todos estamos siendo testigos.

 

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