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Crítica

Luis Feás Costilla

Pintar a sangre fría

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Publicado en La Voz de Asturias

Miguel Aguirre. In cold blood.

Galería Espacio Líquido, calle Jovellanos, 3 (Gijón). Martes a sábados, de 12 a 14 y de 18 a 21 horas.

Hasta el 29 de diciembre.

 

 

Que matar no resulta sencillo lo demuestran películas como Sangre Fácil (Blood Simple), de los hermanos Cohen, de 1983, o la más reciente Deseo, Peligro (Lust, Caution), del chino Ang Lee, recién estrenada y todavía en cartelera, en las que los crímenes se producen de una manera terrible, arrastrada, agonizante, insoportablemente larga y eterna, y eso que suceden de manera fortuita, sin premeditación, casi obligados. Matar a sangre fría es todavía más difícil, hasta el punto de que hay que ser un verdadero trastornado para plantearse siquiera un asesinato, lo que ha atraído a numerosos artistas y escritores interesados en indagar en los lados más oscuros de la psique y en penetrar en la mente del asesino, conocer sus razones, averiguar sus motivos más ocultos e injustificables. Quizá el ejemplo más preclaro en este sentido sea el del norteamericano Truman Capote y su novela de no ficción A sangre fría (In cold blood), publicada en 1966 y llevada al cine al año siguiente por Richard Brooks, con la precisión de un escalpelo bien afilado.

            Pero que matar de forma premeditada a otras personas, a pesar de no ser fácil, es por desgracia algo frecuente y con lo que nos encontramos casi a diario, ya sea perpetrado de forma individual o colectiva, es lo que denuncian películas como Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola (1979), Desaparecido (Missing) de Costa-Gavras (1982) o Elephant, de Gus Van Sant (2003), cuyos fotogramas son utilizados precisamente por el pintor peruano Miguel Aguirre en una de las dos series pictóricas que presenta en la galería Espacio Líquido de Gijón y en las que realiza su particular disección de la historia más contemporánea. En la primera de estas series, titulada significativamente Dramatización, pintada íntegramente en papeles de pequeño formato, Aguirre utiliza imágenes de estas y otras películas para plantearse la forma en que los artistas han puesto en escena sucesos tan sangrientos y deleznables como la guerra de Vietnam, la tortura y desaparición de opositores bajo la represión chilena o la masacre de inocentes en la India o en el instituto Columbine de Colorado. En la otra serie, DD/MM, el pintor limeño lleva al lienzo la manera en que trata estos sucesos la prensa internacional, en una dimensión no siempre adecuada a su importancia y sin el suficiente filtro deontológico y profesional.

 

SUCESOS SIN HISTORIA

En su serie DD/MM, Miguel Aguirre reproduce algunas de las imágenes de los diversos hechos violentos de los que trata (el secuestro y asesinato de niños, una ejecución en la horca...) al mismísimo tamaño en que éstas aparecen en los medios de comunicación, a veces como una pequeña fotografía a dos columnas, otras más grande a cuatro o incluso a página completa, pues de todos es sabido que lo dramático vende y lo que antes no ocupaba más que una nota breve en la otrora bien definida página de sucesos ahora abre los diarios, constituye la primordial fuente de titulares espectaculares y, según dicen muchos pero es difícil de creer, supone una buena parte de los beneficios e ingresos de los periódicos, puesto que el lector medio estaría presuntamente más interesado en estas informaciones que en las noticias políticas, culturales o educativas.

            Hay muchas maneras de transmitir la realidad, permanentemente asediada por el acoso incesante de los medios de comunicación, y nuestra época está sin duda muy condicionada por la importancia de la imagen, sin la que parece que ya no es posible transmitir una información veraz, cuando curiosamente en esta era digital la imagen fotográfica o televisiva es la que debería ser puesta permanentemente en cuestión, por la facilidad con la que puede ser manipulada y retorcida, gracias a los programas de tratamiento por ordenador. Sólo a veces una imagen vale más que mil palabras, y en muy pocas ocasiones mantienen su interés sin un texto que las interprete, por lo que es absurdo seguir manteniendo su primacía y su indiscutible necesidad. Un periódico que no reprodujera una sola fotografía sería perfectamente posible, como de hecho se hizo al principio del periodismo, mientras que un periódico que únicamente estuviera compuesto de imágenes sin un solo texto que las explique sería directamente imposible, no informaría y no tendría utilidad alguna, sólo artística finalidad sin fin. Reproducir la realidad sin más no es hacer historia, sino arte, y hay que tener mucho cuidado con lo que se retransmite, reflexiones éstas a las que conduce la sugerente obra del pintor limeño afincado en Barcelona.

 

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