AJIMEZ ARTE

Crítica

Imagen

Javier Díaz-Guardiola.

Las trampas del azar

0 comentarios

Publicado en  ABCD
 
Emergentes, la muestra que reúne en LABoral diez potentes instalaciones de artistas iberoamericanos que se mueven en las procelosas aguas del arte electrónico, es, a todas luces, una especie de sondeo sobre el asunto que le ocupa, y, como todas las encuestas, con multitud de trampas. Con ella, José Carlos Mariátegui, su comisario, alerta sobre la inflación informativa a la que estamos sometidos diariamente: «En la actualidad -apuntaba este científico e investigador en tecnología de medios- la vida social se traduce a lo digital y, de esa forma, se convierte en realidad misma. Esta relación es la que persigue analizar esta exposición». Sin embargo, el resultado final llama la atención precisamente por su descontextualización, también teórica.

Podría pensarse erróneamente que Iberoamérica es tal paraíso para el arte electrónico que bien mereciera esta muestra. Nada más lejos. Sus artistas no sólo son una rara avis en su ámbito, sino que son muchos los que desarrollan su labor en países de lo que se conoce como el Primer Mundo. Son los casos de Rafael Lozano Hemmer, Rodrigo Derteano y Fernando David Orellana.

Falsos paraísos. Asimismo y deliberadamente, su responsable no ha buscado ni un ápice de «iberoamericanidad» en su discurso, de manera que lo único que comparten sus integrantes es su origen continental y que sus obras se encuentren vinculadas a la robótica, la realidad aumentada o la vida artificial: «El arte electrónico de América Latina ya no resulta desconocido -señala-, pero existen aún algunas variantes poco conocidas que se acercan más a procesos de investigación multidisciplinaria, como es el caso de las piezas de muestra (...). La exposición no busca una visión aglutinadora o temática sobre la producción de arte y tecnología y su vínculo con el subcontinente», algo no conseguido en el primer caso y desperdiciado en el segundo. Es más: Mariátegui reconoce que la biotecnología es un ámbito por explotar en Iberoamérica. Sin embargo, su selección para Gijón deja este aspecto aparcado.

Decíamos, en cualquier caso, que las obras de Emergentes eran, de forma individual, de primer nivel. No podía ser de otra manera: en su producción han participado una institución nueva y con el apoyo institucional y mediático necesario, y un patrocinador, Telefónica, que, en este campo, sabe de lo que habla. Sin estos apoyos, ¿habrían alcanzado los artistas los mismos resultados visuales? Segunda trampa. Y añadamos una más: la imposibilidad, en muchos casos, de que los propios iberoamericanos como espectadores lleguen a conocer los contenidos de aquellas exposiciones que les atañen. En este caso, es loable el esfuerzo que harán sus responsables para que Emergentes recale en Chile, Argentina y Perú.

De forma no explícita, Mariátegui ha dividido los proyectos entre aquellos que forman parte de un proceso de investigación abierto (y a los que, por tanto, es el museo el que los dota de entidad artística) y los que trascienden la frialdad de la técnica y dan más pie a la reflexión, pues no acaban en la simple demostración científica. Es aquí donde debemos subrayar las aportaciones de Lozano Hemmer y la venezolana Mariana Rondón. El primero convierte en la imponente instalación Almacén de Corazonadas el ritmo cardiaco del espectador en impulsos lumínicos que, encerrados en una bombilla, determina el tintineo de otras 99. La segunda proyecta imágenes nebulosas sobre pompas de jabón ejecutadas por una rudimentaria máquina robótica. La fragilidad del material de estas pantallas-soporte determinan lo incierto del proceso. Así funciona la memoria. Mencionemos también el trabajo de Santiago Ortiz y Bestiario, que invitan a intervenir y alterar los ritmos de vida de una especie artificial bautizada como mitozoo a golpe de ratón.

Saturación. Sólo dos obras atienden de forma más evidente a esa saturación informativa que tanto preocupaba al comisario: de un lado, Ambiente de estéreo Realidad 4 (2007) de José C. Martinat y Enrique Mayorga, un cubo blanco que busca en Google entradas que contengan las palabras clave «debería» o «deberías». Si el sujeto de la frase es «tú», el resultado impreso cae dentro de sus límites; si es «ellos», es expulsado al exterior. Por su parte, en Divergencia Diferente de Cero, de Mariano Sardón, palabras de textos científicos y artísticos proyectados sobre libros en blanco se «desparraman» si el visitante hace algún ruido. Y sobre cuestiones espaciales de distinto signo reflexionan Rodrigo Derteano (que reconstruye sonoramente paseos por Gijón, Oviedo y Avilés), Mariela Yeregui (con robots que cambian de dirección y color cuando chocan entre ellos y con el espectador) y Rejane Cantoni & Daniela Kutschat (con un estudio sobre la visualización de las leyes que rigen la mecánica cuántica).

El problema es que tanta interactividad y tanta sofisticación técnica no pasan de eso en el discurso del comisario. Una vez en la calle, pocos recuerdos perduran. Como pocos mitozoos en las pantallas de plasma. Pero, ¿quién se toma en serio las encuestas? Una vez más predomina el divertimento.

 

Volver

Comentarios

No hay comentarios a esta critica

Si lo deseas, puedes enviar un comentario a critica:

Envía esta referencia