AJIMEZ ARTE

Crítica

Luis Feás Costilla

Kely, en proceso de cambio

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Publicado en La Voz de Asturias
EXPOSICIÓN:  Kely. Cuestión de tiempo.
LUGAR: Galería Gema Llamazares, calle Instituto, 23 (Gijón). Lunes, de 17.30 a 21.30 horas. Martes a sábados, de 11.30 a 14 y de 17.30 a 21.30 horas.
FECHA DE CLAUSURA: 30 de noviembre.

 

En su reciente participación en la colectiva Entre Arte, celebrada en el Palacio Revillagigedo de Gijón, Kely sorprendía otra vez (y ya van no sé cuantas...) con la presentación de una nueva etapa de su ingente producción artística, que le ha hecho tocar varios palos (sobre todo pintura pero también fotografía) con un éxito innegable cuyo mejor resultado ha sido sin duda su reconocimiento internacional con exposiciones en galerías relevantes de París, Bruselas o Lisboa. Con su talento y su versatilidad (honesta y a todas luces debida a una palpitante necesidad interior), era sólo cuestión de tiempo que se apreciara su buen hacer, su transitar ligero y entonado en un mundo artístico como el actual, emboscado, enrevesado, apabullante y pesado, y a ella le ha bastado apenas una década para hacerse ver, para hacerse notar, para que la semilla germinase y diese la cosecha deseada e incluso los más incrédulos dieran muestras de una fe sincera y reconvertida hacia su obra espigada y grácil.
 En el Palacio Revillagigedo, la artista ovetense abandonaba definitivamente su carnal etapa anterior (expuesta en Bruselas, Oviedo y Madrid y caracterizada por el predominio del color rojo como cruda expresión simbólica) y se zambullía de lleno en una obra diferente, en blanco y negro, que prefería los motivos vegetales y una significación más espiritual y elevada. Junto a dos grandes fotos de árboles sin hojas, velados por un filtro de seda sobre el que se dibujaban esquemáticas arquitecturas organicistas, se mostraban varios óleos y acrílicos sobre lino que suponían el avance de esta flamante serie, iniciada este mismo año y en pleno proceso de elaboración. El interés de esta casi inmediata exposición en la galería Gema Llamazares de Gijón está en poder ver, por primera vez juntas, una docena de estas obras en curso, que muestran flores imaginarias, frutas de un árbol festivo o ramajes semiautomáticos, en densos primeros planos dibujados con una paciente precisión oriental y con la mente en blanco, dejándose llevar. Se nota que Kely está disfrutando con la realización de esta obra nueva, que en unas ocasiones deja reservados grandes espacios sin pintar y en otras el fondo se cubre casi completamente con restregados en negro que hacen surgir de la nada formas imprevistas y semiinconscientes.

RENOVARSE O MORIR
Es cierto que el arte moderno ha buscado siempre, obsesivamente, la originalidad. De hecho, el arte no ha sido nunca tan fluido como en el pasado siglo, afectado de una enloquecida movilidad, debido en parte al ejemplo de Picasso, quien con sus diversos estilos y períodos, cada uno de los cuales supuso una ruptura y un nuevo comienzo, canonizó la idea de que el artista debe agotar un tema y desarrollarlo hasta su conclusión para entonces adoptar un nuevo tema. Picasso, junto con consideraciones de orden puramente comercial, animaron al artista contemporáneo a no dar pasos adelante más que de forma dramática, conforme a la retórica del shock que predijo Valéry.
No es que los artistas se cansen de un estilo agotado, ni siquiera se trata de que un artista se aburra del estilo de otro, es que un mismo artista cambia bruscamente de estilo, como si esos saltos fueran muestras de genialidad. Con mucha frecuencia, el artista presenta un conjunto de obras que se relacionan entre sí, de modo que sean fácilmente interpretadas y entendidas, y luego, al cabo de un intervalo razonable, expone una serie de obras distintas. La inquietud, la errancia, ha dado impresión de progreso, pero, como Adorno observara acertadamente, la novedad es la etiqueta bajo la que el mercado ofrece siempre a los consumidores sus mercancías, y no hay duda de que el arte se ha acabado convirtiendo en un producto envasado, comercializado y promocionado como tal.
Sin embargo, también es cierto que los artistas se han aburrido siempre de las formas ya realizadas, y que este cansancio ha impulsado la renovación artística. Hay un agotamiento de las formas, sometidas a un ciclo vital completo de infancia, plenitud, vejez y muerte, que los grandes artistas de todos los tiempos han diagnosticado con genial agudeza. En arte, como en cualquier otro asunto humano, de lo que se trata es de renovarse o morir y sólo los tenderos conservadores, empeñados en seguir explotando un producto todavía no agotado, son capaces de negarle a un artista auténtico su derecho a desprenderse en otoño de sus hojas caducas en espera de una nueva primavera, sobre todo si lo hace con la sinceridad de Kely o de su colega Reyes Díaz, de la que habrá ocasión de hablar próximamente.

 

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