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Crítica

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Jaime Luis Martín

Entre pintores

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Publicado en La Nueva España

Entre Arte II
Fidel Pena, Ramón Rodríguez y Manuel Vela
Del 25 de Octubre al 12 de Noviembre
Galería Amaga

La galería Amaga recupera la propuesta con la que participó en la exposición «Entre Arte II», que reunió, durante el pasado verano, a siete galerías y veintiún artistas en el palacio de Revillagigedo de Gijón, resultado de la colaboración entre Cajastur y la Asociación Profesional de Galerías de Arte Contemporáneo del Principado de Asturias. Se supone que el sector privado mostró lo que considera más relevante, pero, al margen de la acumulación de nombres, tendencias, técnicas y conceptos que convertían la muestra en un confuso acontecimiento, la consecuencia más evidente de este tipo de eventos, que elevan las propuestas del mercado a categoría cultural, es comprobar cómo cada día resulta más difícil instaurar otros significados y estructuras que difieran de los intereses comerciales.

En esta ocasión, Amaga reunió a los artistas Fidel Pena, Ramón Rodríguez y Manuel Vela, una triple apuesta por la pintura con la geometría y el cromatismo como elementos esenciales. En este sentido, Fidel Pena consigue en la serie «Color y metal» revolver en conceptos geométricos y minimalistas. En estas composiciones sencillas se hace uso de materiales industriales buscando distintas calidades de color y forma. A ello contribuyen las estructuras repetitivas y las franjas cromáticas de diferentes densidades que van rompiendo la uniformidad compositiva. Son rastros pictóricos inexpresivos, restos fríos y puros, percepciones de la belleza.

El color se configura como un elemento esencial de las infografías de Ramón Rodríguez, que tienen la «nouvelle cuisine» como pretexto para renovar un género tan clásico como el bodegón. Las relaciones entre arte y gastronomía salpican todo el siglo XX, como un tema cotidiano desde las primeras vanguardias con posteriores diversificaciones asociadas al acto de alimentarse. Curiosamente, el hambre sólo aparece tratado de forma muy esporádica. Estas naturalezas muertas parten de la imagen fotográfica que es cocinada digitalmente hasta alcanzar un grado de ebullición que licúa los limites entre figuración y abstracción. La imagen resultante deviene, como sugiere Javier Hernando en el texto del catálogo, un «paisaje culinario» de indudable fuerza icónica e intensidad cromática.

Las arquitecturas del jienense Manuel Vela parecen construidas en un espacio atemporal, en un lugar inestable y misterioso que remite a otros mundos, a conceptos metafísicos. Estas complejas estructuras se configuran como un juego con infinitas posibilidades, una ficción geométrica no exenta de tensiones. En estos relatos los esqueletos arquitectónicos, de un intenso color rojo, evocan formas puras, misteriosas ordenaciones pictóricas asaltadas por vecindades escultóricas. Como señala en el catálogo Iván de la Torre Amerighi, las obras de Manuel Vela «nos desequilibran en nuestra posición de espectadores, negándonos asideros». Y esa sensación de inestabilidad construye en la mirada el misterio, lo inesperado.

En todo caso, esta propuesta de Amaga contribuye a situar la galería en un ámbito pictórico sin estridencias ni excitaciones rupturistas, pero de indudable calidad.

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